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17 de agosto de 2026 · admin

¿Se te duermen las manos o los pies? Estas son las señales que no conviene ignorar

Sentir que una mano “se duerme” después de apoyar el brazo durante varios minutos o experimentar pequeños pinchazos en los pies tras permanecer mucho tiempo sentado es algo que prácticamente cualquiera ha experimentado. En muchos casos, la explicación es sencilla: una postura mantenida comprime temporalmente un nervio y, al recuperar la posición normal, la sensibilidad vuelve poco a poco.

Sin embargo, el adormecimiento y el hormigueo no siempre son tan inocentes. Cuando estas sensaciones aparecen de manera recurrente, permanecen durante largos periodos o se acompañan de dolor, pérdida de fuerza o alteraciones de la sensibilidad, pueden estar relacionadas con problemas neurológicos, metabólicos o incluso con determinadas enfermedades sistémicas.

Mayo Clinic señala que el hormigueo y el entumecimiento pueden producirse cuando un nervio es comprimido, irritado o lesionado. También pueden ser consecuencia de neuropatías, trastornos que afectan a los nervios periféricos y alteran la transmisión de las señales entre el sistema nervioso y distintas partes del cuerpo.

Cuando el problema es un nervio comprimido

Una de las explicaciones más comunes es la compresión de un nervio. Esto puede suceder simplemente por permanecer demasiado tiempo en una posición determinada, pero también puede estar relacionado con alteraciones estructurales que ejercen presión sobre los nervios.

Entre los ejemplos se encuentra la estenosis espinal, que implica un estrechamiento de los espacios dentro de la columna vertebral y puede comprimir estructuras nerviosas. Otro caso conocido es el síndrome del túnel carpiano, en el que un nervio de la muñeca queda sometido a presión y puede provocar hormigueo, entumecimiento, dolor o debilidad en la mano.

La intensidad y la zona donde aparecen los síntomas dependen del nervio afectado y del grado de compresión. Por eso, una sensación de hormigueo en los dedos de una mano no necesariamente tiene el mismo origen que un adormecimiento persistente en ambas piernas.

En los casos relacionados exclusivamente con una postura, lo habitual es que la sensibilidad regrese después de cambiar de posición y mover suavemente la extremidad. El problema comienza a ser más relevante cuando el síntoma aparece sin una causa evidente o se repite cada vez con mayor frecuencia.

La diabetes también puede estar detrás del hormigueo

Entre las enfermedades capaces de afectar los nervios periféricos se encuentra la diabetes. Cuando los niveles elevados de glucosa permanecen durante periodos prolongados, pueden producir daño progresivo en los nervios y dar lugar a una neuropatía diabética.

Uno de los patrones más característicos comienza en los pies. La persona puede experimentar ardor, sensación de pinchazos, hormigueo o pérdida de sensibilidad en ambos lados del cuerpo. Con frecuencia, la distribución sigue un patrón conocido como “de guante y calcetín”, porque las molestias aparecen primero en las manos o los pies y pueden avanzar progresivamente.

Este tipo de alteración no debería atribuirse simplemente al cansancio o a una mala postura, especialmente cuando se presenta de forma bilateral y persistente. La valoración médica resulta importante porque el tratamiento debe dirigirse a la causa del daño nervioso y a la prevención de una mayor pérdida de sensibilidad.

La disminución de la sensibilidad en los pies, además, puede hacer que una persona no perciba adecuadamente pequeñas heridas, ampollas o lesiones, lo que incrementa el riesgo de complicaciones en determinados pacientes.

Vitaminas, medicamentos y alcohol también pueden influir

La neuropatía no tiene una sola causa. Mayo Clinic también contempla entre los posibles desencadenantes algunas deficiencias vitamínicas, enfermedades renales, el consumo excesivo de alcohol, la exposición a sustancias tóxicas y determinados medicamentos.

Algunos tratamientos contra el cáncer, particularmente ciertos fármacos utilizados en quimioterapia, pueden afectar los nervios y producir neuropatía periférica. En esos casos, el hormigueo puede aparecer durante el tratamiento o incluso persistir después.

Por esta razón, no conviene intentar solucionar el problema únicamente tomando vitaminas o suplementos por cuenta propia. Si existe una deficiencia nutricional, debe identificarse mediante una evaluación adecuada y determinarse cuál es la causa que la está provocando.

El estrés y la ansiedad también pueden provocar hormigueo

No todas las sensaciones de hormigueo tienen un origen estructural. El estrés y la ansiedad también pueden participar en su aparición, especialmente durante episodios de respiración acelerada.

Cuando una persona hiperventila, es decir, respira más rápido de lo habitual, puede experimentar sensaciones anormales alrededor de la boca y en las manos. Estas manifestaciones también pueden aparecer durante ataques de pánico.

Esto no significa que cualquier hormigueo deba atribuirse automáticamente a la ansiedad. Cuando el síntoma se repite, cambia de características o aparece junto con otras señales físicas, es importante descartar primero causas médicas que requieran tratamiento.

¿Cuándo el adormecimiento puede ser una emergencia?

Existen situaciones en las que esperar a que el hormigueo desaparezca no es recomendable. Una de las señales de alarma más importantes es el adormecimiento que aparece de manera repentina en un lado del rostro, un brazo o una pierna, particularmente si está acompañado de debilidad.

Esta combinación puede ser indicativa de un accidente cerebrovascular y requiere atención médica de emergencia. La rapidez es fundamental porque determinados tratamientos son más efectivos cuando se administran poco tiempo después de que comienzan los síntomas.

También es necesario buscar atención urgente cuando aparece pérdida de sensibilidad en la ingle o en la zona genital, especialmente si se acompaña de dificultad para controlar la vejiga o el intestino, problemas para orinar o debilidad en las piernas. Este conjunto de síntomas puede indicar una alteración grave que afecta estructuras nerviosas de la columna y necesita una evaluación inmediata.

¿Cómo se determina qué está provocando el hormigueo?

Cuando el adormecimiento requiere investigación, el médico comienza por conocer las características del síntoma. El momento en que apareció, cuánto tiempo permanece, qué partes del cuerpo afecta y si existen factores que lo desencadenan o alivian son datos importantes para orientar el diagnóstico.

También se pregunta por síntomas asociados, como dolor, pérdida de fuerza, problemas para caminar o cambios en la sensibilidad. Posteriormente, el examen físico permite valorar músculos, reflejos, nervios y capacidad para percibir diferentes estímulos.

Dependiendo de los hallazgos, pueden solicitarse estudios de imagen como radiografías, ecografías o resonancias magnéticas. Estas pruebas pueden ayudar a identificar alteraciones estructurales capaces de comprimir o afectar los nervios.

Otra herramienta es la electromiografía, un estudio neurofisiológico que permite analizar la actividad eléctrica de los músculos y el funcionamiento de determinados nervios. Sus resultados pueden ayudar a localizar dónde se encuentra el problema y orientar el tratamiento.

El tratamiento depende de la causa

No existe un único tratamiento para el hormigueo porque tampoco existe una sola enfermedad detrás del síntoma. Si se trata de un episodio pasajero causado por una postura, cambiar de posición y recuperar el movimiento de la extremidad suele ser suficiente.

Cuando existe una compresión nerviosa persistente, pueden recomendarse medidas destinadas a reducir la presión sobre el nervio. La fisioterapia también puede ayudar a mejorar la movilidad, la fuerza y la función, dependiendo del origen del problema.

En algunos casos pueden utilizarse medicamentos específicos para controlar el dolor neuropático o tratamientos dirigidos a disminuir la inflamación alrededor de un nervio comprimido. Las intervenciones quirúrgicas se reservan para determinadas situaciones en las que existe una compresión importante o cuando otras estrategias no han conseguido resolver el problema.

En enfermedades como la neuropatía diabética, el daño nervioso puede ser permanente. En estos casos, el objetivo consiste en controlar los síntomas, tratar la enfermedad que los provoca y evitar que el deterioro continúe.

La diferencia entre un episodio pasajero y un síntoma que necesita atención suele estar en su comportamiento. Si una mano o un pie se adormece después de mantener una postura incómoda y la sensibilidad regresa en pocos minutos al cambiar de posición, generalmente se trata de una situación transitoria. Pero si el hormigueo aparece sin explicación, dura más de lo habitual, se repite con frecuencia, afecta ambos lados del cuerpo o se acompaña de dolor, debilidad o pérdida persistente de sensibilidad, conviene consultar a un profesional de la salud.

Y cuando el adormecimiento surge de forma súbita en un lado del cuerpo o aparece junto con alteraciones importantes de la fuerza, el habla, la movilidad o el control de esfínteres, no se debe esperar a que desaparezca por sí solo: es una señal que requiere atención médica inmediata.