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1 de junio de 2026 · admin

NASA detecta una alarmante anomalía en el Pacífico: así avanza la formación de El Niño

La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) detectó una anomalía oceánica que encendió las alertas entre científicos y expertos en clima debido al avance del fenómeno de El Niño, uno de los eventos climáticos más influyentes del planeta. A través de imágenes captadas por el satélite Sentinel-6, los investigadores observaron una enorme masa de agua cálida de cientos de kilómetros de ancho desplazándose hacia las costas de Sudamérica, particularmente frente a Perú, una señal clara del fortalecimiento del fenómeno.

El hallazgo fue dado a conocer por especialistas del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, quienes explicaron que el calentamiento del agua provoca una expansión térmica del océano. Cuando el agua se calienta, aumenta ligeramente su volumen y eleva el nivel del mar en determinadas zonas, un indicador clave que permite rastrear el desarrollo de El Niño desde el espacio.

Según los datos obtenidos por Sentinel-6, el nivel del mar frente a las costas peruanas superó en más de 15 centímetros el promedio histórico para esta época del año, lo que refleja un incremento importante en la temperatura oceánica. Este comportamiento está relacionado con las llamadas ondas Kelvin cálidas, corrientes oceánicas que se desplazan desde el Pacífico occidental hacia Sudamérica impulsadas por cambios temporales en los vientos ecuatoriales.

Estas ondas se producen cuando los vientos del este disminuyen o son reemplazados temporalmente por vientos del oeste. Como consecuencia, enormes cantidades de agua cálida avanzan por el Pacífico ecuatorial hasta llegar a América del Sur. Al alcanzar las costas, las aguas superficiales se calientan más de lo normal y alteran profundamente los patrones climáticos globales.

Josh Willis, investigador especializado en el estudio del nivel del mar en la NASA, explicó que el actual proceso de formación de El Niño comenzó más tarde que eventos históricos como los de 1997 y 2015, aunque las temperaturas registradas parecen ser incluso más elevadas. De acuerdo con el especialista, la primera onda Kelvin de este episodio fue detectada en enero cerca de Micronesia y desde entonces ha continuado fortaleciéndose.

“Nuestro objetivo es registrar los cambios en la termodinámica oceánica, mejorar los pronósticos de fenómenos meteorológicos extremos y ayudar a las comunidades a prepararse para posibles riesgos costeros”, señaló Willis al referirse a la importancia de monitorear estos cambios desde el espacio.

El fenómeno de El Niño recibe su nombre de una antigua referencia realizada por pescadores sudamericanos en el siglo XVII, quienes notaban que cerca de Navidad las aguas del Pacífico se calentaban y disminuía la pesca. Desde entonces, este evento climático se convirtió en uno de los principales objetos de estudio de la meteorología moderna debido a sus enormes impactos globales.

El calentamiento anormal del océano Pacífico central y oriental modifica la circulación atmosférica del planeta y altera la corriente en chorro, una poderosa corriente de aire que influye en la formación y trayectoria de tormentas. Esto puede provocar lluvias torrenciales e inundaciones en algunas regiones, mientras otras enfrentan sequías severas, olas de calor o incluso cambios en las temporadas agrícolas.

Los expertos señalan que la intensidad de los efectos depende de la fuerza que alcance el fenómeno. En algunos casos, El Niño puede aumentar la frecuencia de huracanes en determinadas zonas, alterar ecosistemas marinos, reducir la presencia de peces y generar importantes consecuencias económicas en sectores como la pesca y la agricultura.

Además, los científicos advierten que el calentamiento global está intensificando los efectos de estos fenómenos naturales. Aunque El Niño forma parte de la variabilidad climática natural de la Tierra, el aumento de las temperaturas globales puede amplificar sus impactos y volver más extremos algunos eventos meteorológicos asociados.

La investigadora Severine Fournier, científica adjunta del proyecto Sentinel-6, explicó que cada episodio de El Niño es diferente, aunque la mayoría comparte ciertos patrones. “Casi siempre provocan un año caluroso y grandes cambios en las precipitaciones en algunas partes del mundo”, señaló la especialista.

En meses recientes surgieron advertencias sobre la posibilidad de un “súper El Niño”, una versión particularmente intensa del fenómeno que podría generar repercusiones meteorológicas severas a escala global. Sin embargo, algunos especialistas consideran que, al menos en ciertas regiones de Sudamérica, las condiciones actuales apuntan hacia un episodio fuerte pero dentro de parámetros relativamente normales.

Mario Navarro, director del Observatorio Meteorológico de Salsipuedes, en Córdoba, Argentina, explicó que el fenómeno tendría características moderadas para regiones como la pampa argentina y el noreste del país. Según el experto, las lluvias podrían intensificarse hacia finales de primavera y durante el verano, alternando periodos húmedos con etapas secas.

También señaló que podrían registrarse menos heladas de lo habitual durante el invierno, un efecto asociado al aumento de temperaturas provocado por el fenómeno oceánico-atmosférico.

Aunque el punto máximo de El Niño suele ocurrir entre noviembre y enero, los científicos continúan monitoreando de cerca la evolución de las temperaturas oceánicas y las alteraciones atmosféricas. El seguimiento satelital se ha convertido en una herramienta fundamental para anticipar riesgos, preparar a las comunidades vulnerables y comprender mejor cómo estos fenómenos interactúan con el cambio climático global.