Por Juan Pablo Ojeda
Esta tarde, la Ciudad de México late al ritmo de un solo evento. Desde media mañana, calles, oficinas y hogares de la capital se han ido vaciando de conversación cotidiana para concentrarse en un único tema: el duelo de octavos de final entre México e Inglaterra, programado para las 18:00 horas en el Estadio Ciudad de México, el histórico recinto de Santa Úrsula que hoy vuelve a convertirse en el corazón futbolero del país.
No es una expectativa cualquiera. El Tricolor llega a este partido después de una fase de grupos perfecta —tres victorias sin recibir gol— y de un triunfo 2-0 sobre Ecuador que le devolvió algo que no lograba desde hace cuatro décadas: ganar un partido de eliminación directa en una Copa del Mundo. Ese dato, por sí solo, explica buena parte de la fiebre que se respira hoy en la ciudad.
El rival, sin embargo, no es cualquiera. Inglaterra llega como una de las selecciones de mayor tradición en el futbol mundial, con Harry Kane —máximo goleador histórico de su selección, con 84 tantos en su carrera— como principal amenaza. El capitán inglés firmó un doblete en el partido anterior ante República Democrática del Congo y llegó a cinco goles en este Mundial, a uno de distancia de los líderes de la tabla de goleo del torneo.
Para quienes seguirán el partido fuera del estadio, la capital dispuso el Fan Fest del Zócalo como punto de encuentro masivo, uno de los espacios donde miles de aficionados podrán vivir el encuentro en pantalla gigante, replicando el ambiente de fiesta que ya se instaló en plazas, bares y hogares de toda la ciudad desde temprano.
El comercio local también se sumó al momento. Marcas como Uber y Corona lanzaron campañas bajo el lema «NoInglés», dejando de lado momentáneamente el uso del idioma inglés en sus comunicaciones como gesto de respaldo simbólico a la Selección, mientras que figuras públicas ajenas al futbol, como el piloto Sergio «Checo» Pérez, aprovecharon la coyuntura para enviar mensajes de aliento al equipo nacional desde otros escenarios deportivos.
Dentro de la cancha, el peso de la historia también pesa sobre el banquillo. Javier Aguirre, actual director técnico del Tri, fue jugador de la selección que alcanzó cuartos de final en el Mundial de México 1986, la última vez que el equipo llegó tan lejos jugando como anfitrión. Hoy, cuatro décadas después, tiene la oportunidad de igualar esa hazaña desde la banca, en lo que además será su primer duelo como técnico mexicano frente a la selección absoluta de Inglaterra.
El historial entre ambos países añade una capa adicional de tensión al ambiente. México e Inglaterra solo se han enfrentado una vez en la historia de los mundiales, en la fase de grupos de Inglaterra 1966, con triunfo inglés 2-0 en Wembley. En duelos oficiales y amistosos disputados entre 1959 y 2010, el balance general también favorece a los europeos con seis victorias, dos triunfos mexicanos y un empate.
Ese dato, lejos de apagar el ánimo, parece haberlo encendido más entre la afición local. La combinación de una racha inédita del equipo, un rival histórico dominante y la posibilidad real de romper una sequía de 40 años en fase eliminatoria ha convertido este domingo en una fecha que buena parte de la ciudad ya marcó en el calendario desde hace días.
Con el silbatazo inicial cada vez más cerca, la capital del país se prepara para vivir, una vez más, ese fenómeno particular en el que el futbol deja de ser solo un deporte y se convierte, por unas horas, en el tema que ocupa cada conversación, cada pantalla y cada rincón de la ciudad.
