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20 de agosto de 2026 · admin

¿A qué hora desayunas? Un estudio relaciona comer tarde con un mayor riesgo de muerte prematura

¿El desayuno realmente importa para la longevidad? Un nuevo estudio sugiere que no solo podría ser relevante qué comemos, sino también a qué hora lo hacemos. Investigadores analizaron los hábitos alimentarios de más de 31 mil adultos en Estados Unidos y encontraron una asociación entre retrasar la primera comida del día y un mayor riesgo de muerte durante el periodo de seguimiento.

El trabajo, publicado en el European Journal of Clinical Nutrition, analizó información de 31 mil 44 personas mayores de 40 años que participaron en la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición de Estados Unidos, conocida como NHANES. Los investigadores cruzaron los horarios de alimentación registrados por los participantes con sus datos de salud y mortalidad durante un seguimiento promedio de 8.6 años.

Los resultados apuntaron a una tendencia: quienes desayunaban después de las 8:00 de la mañana presentaban mayores riesgos de mortalidad que quienes realizaban su primera comida entre las 7:00 y las 8:00.

Sin embargo, los propios investigadores advierten que se trata de un estudio observacional. Es decir, los resultados muestran una asociación y no permiten afirmar que desayunar tarde sea, por sí mismo, la causa de una muerte prematura.

¿Qué encontraron sobre la hora del desayuno?

El análisis encontró que el riesgo aumentaba conforme se retrasaba la primera comida.

En comparación con las personas que desayunaban entre las 7:00 y las 8:00, quienes lo hacían entre las 8:00 y las 10:00 presentaban un 10% más de riesgo de mortalidad general. Para quienes consumían su primera comida entre las 10:00 y las 12:00, la asociación ascendía al 19%, mientras que entre quienes comenzaban a comer después del mediodía llegaba al 29%.

La relación también apareció cuando los investigadores analizaron específicamente las muertes por causas cardiovasculares. En este caso, las personas que retrasaban su primera comida hasta después del mediodía presentaban un 46% más de riesgo de mortalidad cardiovascular frente al grupo que desayunaba más temprano.

El estudio incluso estimó una diferencia en la esperanza de vida: a los 50 años, quienes acostumbraban retrasar su primera comida más allá del mediodía tenían una esperanza de vida estimada 2.46 años menor que quienes desayunaban en el horario de referencia.

Para obtener estos resultados, los investigadores ajustaron el análisis considerando diferentes factores que también pueden influir sobre la mortalidad, como edad, tabaquismo, actividad física, calidad de la dieta, índice de masa corporal y enfermedades preexistentes.

La cena también apareció relacionada con el riesgo

El desayuno no fue el único horario analizado. Los investigadores también observaron la hora de la última comida del día y encontraron asociaciones que, a primera vista, parecen menos intuitivas.

Las personas que terminaban de comer antes de las 19:00 presentaban un 13% más de riesgo de mortalidad en comparación con quienes realizaban su última comida entre las 19:00 y las 20:00.

En el extremo contrario, quienes cenaban después de la medianoche presentaban un riesgo asociado 27% mayor.

El menor riesgo observado se ubicó alrededor de las 20:00, aunque esto no significa que esa sea una hora universalmente ideal para cenar. El horario adecuado puede depender del momento en que una persona se despierta, trabaja, realiza actividad física y se va a dormir.

El investigador principal, Zhilei Shan, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, señaló que comer muy tarde podría interferir con los ritmos circadianos y con determinados procesos metabólicos. Al mismo tiempo, una cena demasiado temprana podría ser un indicador de otras circunstancias relacionadas con la salud o con los hábitos de vida.

El reloj biológico podría explicar parte de la relación

La investigación se suma a una creciente línea de estudios sobre crononutrición, un área que analiza cómo el momento en que comemos interactúa con nuestro reloj biológico.

El organismo no funciona exactamente igual durante las 24 horas del día. La luz ambiental ayuda a sincronizar el reloj central ubicado en el cerebro, mientras que los horarios de alimentación contribuyen a regular relojes biológicos presentes en distintos órganos.

El hígado, el páncreas, el intestino, los músculos y el tejido adiposo tienen mecanismos internos que responden al momento del día. Por eso, ingerir los mismos alimentos a distintas horas puede generar respuestas metabólicas diferentes.

La médica especialista en Medicina Interna y Nutrición Marianela Aguirre Ackermann ha explicado que la sensibilidad a la insulina, la secreción de determinadas hormonas y la capacidad del organismo para manejar la glucosa cambian a lo largo del día. En términos generales, la tolerancia a la glucosa suele ser mejor durante la primera parte del periodo de actividad y disminuye conforme avanza la jornada.

Esto ayuda a entender por qué la alimentación nocturna y las cenas muy próximas al momento de dormir son objeto de interés científico.

¿Qué pasa cuando se come muy tarde?

La desincronización entre los horarios de alimentación, sueño y actividad puede alterar algunos procesos metabólicos.

Durante la noche, el organismo se prepara para el descanso y disminuye progresivamente su actividad metabólica. La sensibilidad a la insulina también tiende a ser menor, por lo que una comida abundante y rica en carbohidratos refinados o azúcares puede producir una respuesta de glucosa diferente a la que ocurriría durante el día.

La médica pediatra especializada en medicina funcional Mariel Dobenau explicó que el reloj central está sincronizado principalmente por la luz solar, mientras que la comida ayuda a sincronizar los relojes periféricos.

Cuando los horarios se vuelven muy irregulares, especialmente si se combinan con exposición prolongada a luz artificial durante la noche y alteraciones del sueño, puede producirse una especie de desajuste entre estos sistemas.

Esto no significa que una cena ocasional a altas horas de la noche vaya a provocar una enfermedad. El interés de la crononutrición se encuentra principalmente en los patrones mantenidos durante largos periodos.

¿Hay que empezar a desayunar temprano?

Aquí aparece una de las principales precauciones del estudio. Los investigadores no recomiendan cambiar drásticamente los horarios de alimentación únicamente a partir de estos resultados.

El estudio es observacional y tiene varias limitaciones. Uno de los principales problemas es que los horarios de alimentación fueron registrados en un momento determinado y podrían no representar necesariamente los hábitos de los participantes durante todos los años del seguimiento.

Además, las personas que desayunan muy tarde podrían tener otras características que expliquen parte de la asociación. Por ejemplo, podrían dormir peor, trabajar de noche, presentar enfermedades previas, tener horarios irregulares o mantener otros hábitos que no pueden eliminarse completamente del análisis estadístico.

Por eso, el hallazgo debe interpretarse como una señal de que el horario de las comidas merece más investigación, no como una prueba de que desayunar después de las 8:00 provoca directamente una muerte prematura.

Más que una hora exacta, importa la regularidad

Para las personas que buscan mejorar sus hábitos, las especialistas consultadas plantean una estrategia más amplia que simplemente poner una alarma para desayunar.

La recomendación consiste en intentar mantener horarios relativamente regulares de alimentación y sueño, aprovechar la luz natural durante la mañana y evitar comidas muy abundantes justo antes de acostarse.

En el caso de la cena, una referencia práctica puede ser dejar aproximadamente dos a cuatro horas entre la última comida y el momento de dormir. Si una persona suele acostarse alrededor de las 22:30 o 23:00, cenar entre las 19:00 y las 20:30 puede ser una estrategia razonable, siempre adaptada a sus necesidades y rutina.

También importa qué llega al plato. Una cena abundante en ultraprocesados, azúcares y alcohol puede tener efectos metabólicos diferentes a una comida equilibrada que incluya proteínas, vegetales, fibra y grasas saludables.

En otras palabras, el reloj no sustituye a la calidad de la dieta.

El mensaje no es saltarse comidas ni forzar un horario

El nuevo estudio tampoco significa que todas las personas deban desayunar temprano independientemente de sus circunstancias. Las necesidades nutricionales y los horarios varían considerablemente entre individuos, y existen personas con turnos nocturnos, rutinas laborales particulares o tratamientos médicos que requieren estrategias específicas.

Además, no debe confundirse este hallazgo con una recomendación general de comer menos o practicar ayunos prolongados.

Lo que la investigación pone sobre la mesa es una pregunta cada vez más estudiada: ¿qué sucede cuando nuestros horarios de alimentación dejan de coincidir de manera habitual con nuestro ciclo de sueño y vigilia?

La respuesta todavía se está construyendo. Por ahora, la evidencia sugiere que mantener cierta regularidad, evitar comidas muy pesadas cerca de la hora de dormir y procurar que una mayor proporción de la alimentación ocurra durante las horas activas del día podría ser favorable para la salud metabólica.

El desayuno, por tanto, no debería convertirse en una obsesión por el reloj. Pero sí puede ser una oportunidad para revisar algo más amplio: la relación entre cuándo comemos, cuándo dormimos y cómo organizamos nuestra vida cotidiana.