¿Tener un perro realmente mejora la salud? La ciencia detrás de un vínculo que podría alargar la vida

0

Durante años, el cardiólogo y economista indio Dhruv Kazi escribió sobre los beneficios de convivir con mascotas sin tener una propia. Esa situación cambió en 2021, cuando adoptó a Rumi, un cachorro de vizsla que llegó a su vida en uno de los momentos más exigentes de su carrera médica.

Kazi trabajaba en la unidad de cuidados intensivos del Beth Israel Deaconess Medical Center, en Boston, cuando comenzó la pandemia de COVID-19. Como muchos profesionales de la salud, enfrentaba jornadas intensas y un alto nivel de estrés. Además, vivía solo, por lo que el aislamiento se hizo especialmente evidente durante los meses más duros de la crisis sanitaria.

La llegada del cachorro transformó su rutina diaria. Las caminatas se volvieron parte fundamental del día, aumentó el tiempo al aire libre y comenzaron conversaciones con vecinos que antes apenas conocía. Según relató al diario The New York Times, la presencia de su perro fue clave para atravesar ese periodo: “Fue crucial para mantener mi cordura”.

La experiencia personal de Kazi coincide con una línea de investigación científica que lleva décadas creciendo. Numerosos estudios han observado que las personas que conviven con mascotas, particularmente perros, tienden a presentar mejores indicadores de salud en comparación con quienes no tienen animales en casa.

Entre los hallazgos más citados se encuentran niveles más bajos de presión arterial, menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y mejores probabilidades de supervivencia después de eventos graves como infartos o accidentes cerebrovasculares.

Uno de los análisis más conocidos sobre este tema fue publicado en 2019 y revisó múltiples estudios internacionales. Los resultados sugirieron que tener un perro podría asociarse con un 24 % menos de riesgo de morir por cualquier causa a lo largo de un periodo de diez años.

El interés científico por este vínculo ha sido tal que la American Heart Association incluso emitió una declaración científica sobre el tema. En ese documento, la organización señala que tener un perro “puede ser razonable para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares”, aunque advierte que la decisión de adoptar una mascota no debería basarse únicamente en razones médicas.

A pesar de estos resultados, la pregunta sigue abierta: ¿los perros realmente mejoran la salud o las personas más sanas son más propensas a tener mascotas?

Una de las explicaciones más probables se relaciona con la actividad física. El investigador Adrian Bauman, profesor emérito de salud pública en la University of Sydney, ha estudiado durante años el impacto de los perros en los hábitos de ejercicio de sus dueños.

En un metaanálisis publicado en 2012, Bauman encontró que quienes pasean regularmente a sus perros tienen mayor probabilidad de cumplir con la recomendación internacional de realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada por semana. Las caminatas diarias, incluso si son breves, contribuyen a mantener niveles mínimos de movimiento que muchas personas no lograrían de otra manera.

Sin embargo, el propio investigador señala que no todos los dueños de perros aprovechan este beneficio. Sus estudios muestran que solo alrededor del 60 % de los propietarios sacan a pasear a sus mascotas con regularidad.

Otros especialistas han observado que la relación entre salud y mascotas también puede estar influida por el estilo de vida compartido. La epidemióloga Tove Fall, de la Uppsala University, encontró que los perros de personas con diabetes tipo 2 tienen mayor probabilidad de desarrollar la misma enfermedad.

Este fenómeno se explica porque humanos y animales comparten entorno, rutinas y hábitos alimenticios. De esta forma, los factores que influyen en la salud de uno también pueden afectar al otro.

Más allá de los aspectos físicos, muchos investigadores coinciden en que uno de los beneficios más claros de tener una mascota está en el bienestar emocional. La compañía de un animal puede ayudar a reducir el estrés, aliviar la sensación de soledad y fomentar interacciones sociales, especialmente en personas que viven solas.

Sin embargo, los expertos subrayan que convivir con una mascota también implica responsabilidades importantes. Alimentación, atención veterinaria, ejercicio, tiempo y compromiso emocional forman parte del cuidado cotidiano.

Kazi lo resume con una mezcla de realismo y afecto: los perros pueden requerir tiempo, dinero y paciencia. Pero, al mismo tiempo, pueden aportar algo difícil de medir científicamente: una fuente constante de alegría y compañía que transforma la vida diaria.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *