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2 de julio de 2026 · admin

La verdad sobre la sandía: hidrata, tiene menos azúcar de la que muchos creen y podría beneficiar al corazón

La sandía es una de las frutas más populares durante la temporada de calor, no solo por su sabor refrescante, sino también por sus propiedades nutricionales. Con más del 91% de su composición formada por agua, se ha convertido en una aliada para mantenerse hidratado, además de ofrecer pocas calorías y un contenido de azúcar más moderado de lo que muchas personas imaginan.

Especialistas consultados por The New York Times señalan que, además de favorecer la hidratación, la sandía contiene compuestos que podrían tener efectos positivos sobre la salud cardiovascular. Sin embargo, aclaran que las investigaciones realizadas hasta ahora en seres humanos aún no permiten confirmar de forma concluyente estos beneficios.

Uno de los principales atributos de esta fruta es su elevado contenido de agua. Una porción promedio, equivalente a unas 10 onzas o aproximadamente una taza de sandía en cubos, aporta una cantidad de líquido muy similar a la de una taza de agua, lo que contribuye a cubrir las necesidades diarias de hidratación.

La doctora Tamara Hew-Butler, científica especializada en medicina deportiva de la Wayne State University, explicó que el organismo aprovecha las moléculas de agua independientemente de su origen. Esto significa que frutas, verduras y otros alimentos ricos en líquidos también ayudan a mantener el equilibrio hídrico del cuerpo.

Una adecuada hidratación resulta fundamental para numerosas funciones del organismo, como mantener un flujo sanguíneo adecuado, regular la temperatura corporal, favorecer la digestión y conservar un correcto funcionamiento intestinal. Por ello, incorporar alimentos con alto contenido de agua puede complementar la ingesta de líquidos, especialmente durante los meses de calor.

La especialista Amy Ellis, profesora asociada de nutrición de la University of Alabama, destacó que este beneficio puede ser especialmente importante para los adultos mayores. Con el paso de los años, la sensación de sed suele disminuir, lo que aumenta el riesgo de deshidratación y de sufrir complicaciones relacionadas con las altas temperaturas.

En estos casos, consumir frutas como la sandía puede ser una forma sencilla y agradable de incrementar la ingesta de líquidos sin depender únicamente del consumo de agua.

Otro de los mitos más frecuentes sobre esta fruta es que contiene una gran cantidad de azúcar debido a su sabor dulce. Sin embargo, los datos muestran una realidad diferente.

Una taza de sandía aporta alrededor de 46 calorías y aproximadamente 9.5 gramos de azúcar natural. En comparación, una taza de manzana picada contiene cerca de 13 gramos de azúcar y una porción similar de arándanos alcanza casi 15 gramos.

Amy Ellis explicó que muchas personas asumen que la sandía tiene un contenido muy elevado de azúcar simplemente porque su sabor es intenso, cuando en realidad sus niveles son moderados gracias a la gran cantidad de agua que contiene.

La profesora Joanne Slavin, especialista en ciencia de los alimentos y nutrición de la University of Minnesota, indicó que una porción habitual de sandía difícilmente provocará aumentos importantes en los niveles de glucosa en sangre en personas sanas, lo que ayuda a desmontar otra creencia muy extendida.

No obstante, los expertos recuerdan que la sandía no debe considerarse un alimento completo por sí sola. Samantha Dieras, directora de servicios ambulatorios de nutrición del Mount Sinai Hospital, señaló que esta fruta no proporciona toda la energía ni los nutrientes que el organismo necesita durante el día.

Aun así, sí puede desempeñar un papel importante dentro de una alimentación equilibrada. Su alto contenido de agua y su dulzor natural favorecen la sensación de saciedad, lo que puede ayudar a controlar el apetito sin añadir un exceso de calorías.

En cuanto a la salud cardiovascular, la sandía también ha despertado el interés de la comunidad científica por contener dos compuestos naturales: la L-citrulina y el licopeno.

La L-citrulina es un aminoácido que el organismo transforma en óxido nítrico, una sustancia que contribuye a relajar las paredes de las arterias y puede favorecer una mejor circulación sanguínea, además de ayudar a reducir la presión arterial.

Por su parte, el licopeno es un potente antioxidante relacionado con la disminución de procesos inflamatorios vinculados con las enfermedades cardiovasculares. Aunque suele asociarse principalmente con el tomate, la sandía también representa una fuente importante de este compuesto.

Sin embargo, los especialistas subrayan que estos mecanismos biológicos no significan automáticamente que consumir sandía reduzca el riesgo de padecer enfermedades del corazón. Hasta ahora, los estudios clínicos independientes realizados en personas no han encontrado pruebas concluyentes de que su consumo produzca mejoras significativas en la salud cardiovascular.

Por ello, los expertos recomiendan considerar la sandía como parte de un patrón de alimentación saludable y no como un alimento con propiedades medicinales. Su bajo aporte calórico, su capacidad para favorecer la hidratación y su contenido de nutrientes la convierten en una excelente opción para los días de calor, pero no sustituye tratamientos médicos ni debe verse como una solución para prevenir enfermedades.

Consumida junto con otras frutas, verduras, cereales integrales, legumbres y fuentes saludables de proteínas y grasas, la sandía puede formar parte de una dieta equilibrada que contribuya al bienestar general y al mantenimiento de una buena salud.