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4 de agosto de 2026 · admin

La pérdida auditiva ya afecta a jóvenes: estas son las señales de alerta y cómo proteger tus oídos

La pérdida auditiva suele asociarse con el envejecimiento, pero los especialistas advierten que este problema aparece cada vez con mayor frecuencia en adolescentes, niños y adultos jóvenes. El aumento en el uso de auriculares, la exposición constante a sonidos intensos y ciertos hábitos cotidianos están acelerando el daño en el oído, y lo más preocupante es que, una vez que ocurre, no puede revertirse.

Así lo señalaron especialistas consultados por BBC Mundo, quienes alertan que muchas personas desconocen que la pérdida permanente de la audición comienza mucho antes de que aparezcan síntomas evidentes.

La audióloga Valerie Pavlovich Ruff, especialista en pérdida auditiva de la Cleveland Clinic, resume el problema con una frase contundente: «Una vez que se pierde, ya no hay vuelta atrás».

La razón se encuentra en la cóclea, una estructura en forma de espiral ubicada en el oído interno. En su interior existen miles de diminutas células ciliadas encargadas de transformar las vibraciones sonoras en impulsos eléctricos que posteriormente interpreta el cerebro como sonidos.

Cuando una persona permanece expuesta durante mucho tiempo a ruidos intensos o escucha música con un volumen excesivo, estas delicadas células pueden doblarse, dañarse o destruirse. A diferencia de otras células del organismo, las del oído interno no se regeneran, por lo que el daño es permanente.

Los especialistas explican que el deterioro auditivo no suele aparecer de forma repentina. Generalmente se acumula durante años hasta que las dificultades para escuchar se vuelven evidentes.

Según Jamie Bogle, audióloga de la Mayo Clinic, muchas personas descuidan la protección de sus oídos durante la juventud porque no perciben consecuencias inmediatas. Sin embargo, cada exposición al ruido deja pequeñas lesiones que, con el tiempo, terminan afectando la capacidad auditiva.

La situación preocupa especialmente porque los especialistas ya observan casos en edades muy tempranas.

Pavlovich Ruff relató que incluso ha detectado signos iniciales de pérdida auditiva en niños menores de diez años. Entre ellos mencionó el caso de una niña de apenas seis años que presentaba indicios de daño relacionados con el uso de su computadora escolar a un volumen muy elevado.

La evidencia científica respalda esta preocupación. Un estudio realizado en Suecia encontró diferencias pequeñas, pero estadísticamente significativas, entre la capacidad auditiva de niños de nueve años que utilizaban auriculares con frecuencia y la de aquellos que los empleaban de manera ocasional.

Además, diversos investigadores estiman que hasta 1,350 millones de personas menores de 35 años podrían estar en riesgo de desarrollar pérdida auditiva prematura debido a la exposición constante a sonidos amplificados procedentes de auriculares y dispositivos electrónicos.

Las consecuencias van mucho más allá de la dificultad para escuchar.

La pérdida auditiva puede afectar la comunicación, el rendimiento escolar y laboral, además de favorecer el aislamiento social. Muchas personas dejan de participar en conversaciones porque temen responder de forma incorrecta o no comprender lo que dicen quienes las rodean.

Uno de los mayores riesgos proviene de actividades que muchas personas consideran inofensivas.

Los conciertos, festivales musicales y eventos deportivos suelen alcanzar niveles de ruido capaces de dañar el oído interno en apenas 10 o 15 minutos, según advierte Pavlovich Ruff.

Para reducir ese riesgo, los especialistas recomiendan utilizar tapones de alta fidelidad, diseñados para disminuir el volumen sin alterar significativamente la calidad del sonido. A diferencia de los tapones de espuma convencionales, estos permiten disfrutar de la música mientras protegen la audición.

El uso de auriculares también requiere ciertas precauciones.

Los expertos aconsejan respetar los limitadores de volumen que incorporan muchos teléfonos y reproductores de música. Una regla sencilla consiste en observar si una persona cercana necesita gritar para ser escuchada o si resulta imposible mantener una conversación mientras se utilizan los auriculares. Si eso ocurre, el volumen probablemente es demasiado alto.

Otros ruidos cotidianos también representan un riesgo, aunque suelen pasar desapercibidos.

Herramientas como cortadoras de césped, sopladores de hojas, taladros, sierras eléctricas y otras máquinas de jardinería generan niveles de ruido suficientemente elevados como para justificar el uso de protección auditiva mediante tapones, orejeras o ambos dispositivos al mismo tiempo.

Incluso conducir con las ventanillas completamente abiertas en carretera puede afectar la audición.

El ruido constante del viento golpeando un solo lado de la cabeza puede favorecer una pérdida auditiva unilateral, especialmente si el conductor aumenta el volumen del sistema de audio para compensar el ruido exterior.

Las motocicletas representan otra fuente importante de exposición sonora. En estos casos, los especialistas recomiendan nuevamente el uso de tapones de alta fidelidad, ya que permiten reducir el ruido del motor sin impedir que el conductor escuche sirenas, claxon u otras señales importantes para la seguridad vial.

La prevención también incluye evitar prácticas aparentemente inofensivas, como introducir bastoncillos de algodón u otros objetos dentro del oído.

El cerumen cumple una función natural de protección al lubricar el conducto auditivo y ayudar a eliminar bacterias, polvo y células muertas. Normalmente, el propio movimiento de la mandíbula al hablar o masticar permite que salga de forma espontánea.

Cuando se utilizan hisopos, el cerumen puede compactarse y desplazarse hacia el tímpano, provocando sensación de oído tapado, disminución de la audición, molestias e incluso infecciones. Ante la sospecha de un tapón de cerumen, los especialistas recomiendan acudir con un médico o un audiólogo para retirarlo de forma segura.

Las revisiones auditivas también son fundamentales.

Aunque las pruebas de audición son habituales durante la infancia, muchas personas dejan de realizarlas conforme envejecen. Los especialistas recomiendan realizar una evaluación preventiva antes de los 60 años y acudir antes si aparecen dificultades para seguir conversaciones, especialmente en lugares con mucho ruido.

Pavlovich Ruff subraya que incluso personas menores de 30 años deberían consultar con un especialista si notan que cada vez les cuesta más entender lo que otros dicen en restaurantes, reuniones familiares o espacios concurridos.

Los expertos coinciden en que la pérdida auditiva no siempre puede evitarse, pero sí es posible reducir considerablemente el riesgo mediante hábitos sencillos: controlar el volumen de los dispositivos electrónicos, limitar el tiempo de exposición al ruido, utilizar protección auditiva cuando sea necesario y realizar revisiones periódicas. Cuidar la audición desde edades tempranas puede marcar la diferencia para conservarla durante toda la vida.