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29 de mayo de 2026 · admin

¿Conviene hacer ejercicio cuando estás enfermo? Esto dicen los expertos sobre cuándo descansar y cuándo entrenar

Cuando aparecen síntomas de resfriado, gripe o malestar general, muchas personas dudan entre continuar con su rutina de ejercicio o guardar reposo. Aunque mantenerse activo suele relacionarse con una buena salud, especialistas advierten que entrenar mientras el cuerpo combate una enfermedad no siempre es recomendable y que la decisión depende de la intensidad y ubicación de los síntomas.

Instituciones médicas como la Mayo Clinic y la Cleveland Clinic coinciden en que existe una guía sencilla conocida como la “regla del cuello”, utilizada para determinar si la actividad física puede realizarse de manera segura. Según este criterio, si los síntomas se localizan únicamente por encima del cuello —como congestión nasal, estornudos, dolor leve de garganta o secreción nasal— generalmente es posible realizar ejercicio moderado y de baja intensidad.

En estos casos, actividades suaves como caminar, hacer yoga ligero o trotar lentamente podrían incluso generar sensación de alivio temporal. Algunos especialistas señalan que el movimiento moderado ayuda a despejar las vías respiratorias y disminuir la congestión nasal.

Sin embargo, los expertos insisten en que la intensidad debe reducirse considerablemente. No es recomendable mantener entrenamientos exigentes ni prolongados mientras el organismo está recuperándose. Además, cualquier señal de empeoramiento durante la actividad debe tomarse como una advertencia inmediata para detenerse.

La situación cambia completamente cuando los síntomas afectan todo el cuerpo o aparecen señales más severas. Fiebre, dolores musculares generalizados, debilidad intensa, fatiga extrema, escalofríos, vómitos, diarrea o problemas respiratorios son indicadores claros de que el cuerpo necesita descanso total.

Los médicos explican que durante una infección el organismo utiliza gran parte de su energía para activar el sistema inmunológico y combatir el virus o bacteria. Forzar actividad física intensa en esas condiciones puede aumentar el agotamiento, retrasar la recuperación e incluso favorecer complicaciones más graves.

La Cleveland Clinic y Healthline también alertan sobre síntomas como tos productiva, congestión en el pecho o dificultad para respirar, ya que podrían empeorar con el esfuerzo físico. Entrenar bajo estas condiciones incrementa el riesgo de complicaciones respiratorias y cardiovasculares.

Uno de los riesgos menos conocidos es la inflamación del corazón, conocida como miocarditis, que puede aparecer tras ciertas infecciones virales. Especialistas citados por medios de salud advierten que realizar ejercicio intenso durante enfermedades virales podría elevar el riesgo de arritmias peligrosas, especialmente si existen dolor de pecho, palpitaciones o falta de aire.

La hidratación es otro aspecto fundamental. Durante una enfermedad, el cuerpo pierde líquidos con mayor facilidad debido a la fiebre, el sudor o los problemas digestivos. El ejercicio aumenta todavía más esta pérdida, lo que puede provocar deshidratación, mareos y fatiga intensa.

Además, entrenar en gimnasios o espacios cerrados cuando se está enfermo incrementa las posibilidades de contagiar a otras personas. Por ello, los especialistas recomiendan evitar actividades grupales mientras persistan síntomas infecciosos.

En caso de decidir realizar ejercicio con síntomas leves, los expertos aconsejan optar por rutinas cortas, suaves y bien toleradas. Caminar, estirarse o realizar ejercicios de bajo impacto son alternativas más seguras que levantar pesas pesadas, correr largas distancias o practicar entrenamientos de alta intensidad.

Escuchar al cuerpo es considerado el factor más importante. Si durante la actividad aparecen cansancio inusual, mareos, dificultad para respirar o aumento del malestar, lo indicado es suspender inmediatamente el ejercicio y descansar.

Respecto al regreso al entrenamiento después de una enfermedad, los especialistas recomiendan hacerlo de forma gradual. Según la Cleveland Clinic, tras un resfriado común conviene esperar al menos 72 horas después de la desaparición de los síntomas antes de volver al gimnasio.

En casos de gripe o COVID-19, los tiempos de recuperación y aislamiento pueden ser mayores. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan mantener precauciones adicionales para evitar contagios, especialmente en lugares cerrados.

Healthline destaca que durante el primer día de reincorporación no se debe superar el 50 % de la intensidad habitual del entrenamiento. El objetivo es comprobar cómo responde el organismo antes de retomar rutinas normales.

La Mayo Clinic recuerda que unos días de reposo no provocarán una pérdida importante de masa muscular ni de condición física. De hecho, estudios indican que el rendimiento físico no disminuye significativamente antes de cinco días de inactividad, por lo que descansar puede ser más beneficioso que insistir en entrenar mientras el cuerpo sigue debilitado.

Los expertos coinciden en que la prioridad debe ser siempre la recuperación completa. Retomar la actividad física cuando el cuerpo aún no se encuentra listo puede prolongar el malestar y aumentar el riesgo de recaídas. Por ello, descansar cuando es necesario también forma parte de una rutina saludable.