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Robots por 30 dólares la hora: el servicio de limpieza que amenaza con cambiar el trabajo doméstico

7 de septiembre de 2026 · 18:54 Redacción Café Grillo

La idea de que un robot pueda llegar a una casa, tomar una aspiradora y encargarse de la limpieza cotidiana dejó de ser una escena exclusiva de la ciencia ficción. En San Francisco, California, una empresa emergente ya puso en marcha un programa piloto que ofrece servicios de limpieza realizados por robots humanoides a un precio de 30 dólares por hora.

La compañía Tau Robotics comenzó a desplegar robots identificados como Chelsea y Elon para realizar algunas de las tareas más habituales en hogares y oficinas. Por ahora, sus capacidades incluyen pasar la aspiradora, limpiar las encimeras de la cocina y sacar la basura, aunque el proyecto busca ampliar progresivamente el número de actividades que estas máquinas pueden ejecutar.

Alex Koch, director ejecutivo y cofundador de Tau Robotics, explicó a CBS que uno de los primeros objetivos de la empresa es entrenar a sus robots para que puedan “imitar el desempeño humano” y, posteriormente, conseguir que sean capaces de superarlo.

El servicio todavía se encuentra en una etapa experimental y el acceso está limitado a personas que reciben una invitación. Esto significa que no cualquier usuario puede solicitar actualmente una limpieza robótica, pero la compañía pretende utilizar esta fase para perfeccionar el funcionamiento de sus máquinas antes de ampliar el servicio.

Cada visita tiene una duración de una hora. El robot comienza a trabajar a la hora seleccionada por el cliente y finaliza 60 minutos después. Si se requiere cubrir un espacio más grande, dos robots pueden trabajar simultáneamente durante el mismo periodo, aunque cada uno tiene un costo de 30 dólares por hora.

Por ahora, existen también importantes restricciones sobre los espacios en los que pueden trabajar. Los baños y los dormitorios están fuera de los límites establecidos por la empresa. Sin embargo, si el cliente lo solicita, el robot puede ingresar a determinadas habitaciones. Además, los usuarios tienen la posibilidad de especificar qué áreas, objetos o espacios deben evitarse.

La supervisión humana es uno de los elementos fundamentales del sistema. Aunque los robots utilizan inteligencia artificial para ejecutar sus actividades, todavía no son capaces de controlar de manera completamente autónoma todos los movimientos necesarios para realizar una limpieza doméstica.

Tau Robotics recurre por ello a operadores humanos ubicados de manera remota. Estas personas pueden intervenir cuando un robot se queda atascado o encuentra alguna situación que no puede resolver por sí mismo. Para supervisar las tareas utilizan gafas de realidad virtual que les permiten observar el entorno desde la perspectiva del propio robot.

Esta combinación entre inteligencia artificial, robótica y supervisión humana muestra que el servicio todavía está lejos de representar una automatización absoluta. El robot realiza físicamente las tareas, pero detrás de la operación continúa existiendo una persona encargada de vigilar y corregir su desempeño.

Una tecnología que todavía enfrenta grandes obstáculos

El proyecto resulta llamativo por el precio anunciado y por la posibilidad de trasladar un robot humanoide directamente a los hogares, pero expertos en robótica advierten que limpiar una casa es una tarea mucho más compleja de lo que puede parecer.

Ken Goldberg, profesor de ingeniería de la Universidad de California en Berkeley, cuestionó las capacidades actuales de este tipo de máquinas. En declaraciones a ABC, señaló que le sorprendería que los robots de Tau pudieran realizar una labor de limpieza doméstica que fuera siquiera mínimamente útil.

El problema está en que las tareas de una casa requieren una enorme capacidad de adaptación. Recoger un objeto del suelo, identificar qué debe limpiarse, mover elementos para acceder a una superficie, distinguir entre diferentes materiales y trabajar en espacios reducidos son actividades que para una persona pueden parecer sencillas, pero que representan importantes desafíos para un robot.

Incluso acciones aparentemente básicas, como recoger objetos del suelo, continúan siendo difíciles para muchos sistemas robóticos. Barrer, limpiar debajo de los muebles o trabajar alrededor de objetos que se encuentran en posiciones inesperadas añade todavía más complejidad.

La limpieza doméstica tampoco responde siempre a una rutina perfectamente predecible. Cada vivienda es diferente y cada cliente puede tener preferencias específicas sobre cómo debe realizarse el trabajo. Una persona puede querer que determinados objetos se acomoden de una manera particular, que ciertas superficies reciban un tratamiento específico o que algunas áreas sean limpiadas con mayor profundidad.

Precisamente esa capacidad de adaptación es uno de los argumentos utilizados por las trabajadoras domésticas que ven con preocupación la llegada de los robots.

¿Pueden sustituir a las trabajadoras domésticas?

La expansión de estos servicios ha generado inquietud entre quienes se dedican profesionalmente a la limpieza. María Ramírez, inmigrante que lleva alrededor de 25 años trabajando en este sector en Los Ángeles, expresó a EFE su preocupación ante la posibilidad de que estas tecnologías terminen desplazando a trabajadores humanos.

Ramírez considera, sin embargo, que existen dificultades importantes para que un robot pueda reemplazar completamente la experiencia de una persona. Desde su perspectiva, limpiar una vivienda implica entender las preferencias particulares de cada cliente y prestar atención a detalles que una máquina podría pasar por alto.

La preocupación laboral no se limita a Tau Robotics. El desarrollo de robots humanoides para tareas domésticas forma parte de una tendencia tecnológica más amplia en la que empresas de distintos sectores buscan introducir máquinas capaces de realizar actividades cotidianas.

Entre ellas se encuentra LG, que presentó LG CLOiD, un robot humanoide diseñado para realizar y coordinar tareas domésticas mediante su interacción con electrodomésticos conectados. El objetivo de estos desarrollos es avanzar hacia hogares en los que distintas actividades puedan ser automatizadas y coordinadas mediante sistemas inteligentes.

El debate, por tanto, no gira únicamente alrededor de si un robot puede pasar una aspiradora. La discusión también involucra el futuro de millones de actividades que tradicionalmente han dependido de trabajadores humanos y plantea preguntas sobre el impacto de la automatización en empleos relacionados con servicios.

Una cuestión de privacidad también entra en juego

Además de la capacidad de los robots, existe otro desafío menos visible: la privacidad.

Para desplazarse y trabajar dentro de una vivienda, un robot humanoide necesita percibir su entorno. Esto implica utilizar cámaras y otros sistemas capaces de recopilar información sobre los espacios en los que opera. Ken Goldberg ha advertido precisamente sobre los posibles problemas relacionados con los datos que estas máquinas pueden recolectar dentro de los hogares.

El asunto adquiere especial importancia porque una vivienda contiene información muy sensible sobre quienes la habitan. Fotografías, documentos, objetos personales, distribución de las habitaciones y rutinas cotidianas pueden quedar dentro del campo de visión de un dispositivo conectado a sistemas de inteligencia artificial.

A medida que este tipo de tecnología avance, la confianza del consumidor será tan importante como la capacidad mecánica del robot. Las empresas tendrán que demostrar no solo que sus máquinas pueden limpiar correctamente, sino también que la información obtenida durante el servicio está protegida y se utiliza de manera adecuada.

Tau Robotics quiere llevar los robots al mundo

Pese a las dudas, Tau Robotics tiene ambiciones mucho mayores que el actual programa piloto. Koch ha asegurado que la empresa pretende alcanzar una capacidad de 1,000 limpiezas semanales en San Francisco para 2027.

Después de consolidar su presencia en esa ciudad, la compañía contempla expandirse a otras localidades de Estados Unidos y posteriormente llevar sus servicios al extranjero en 2028.

El proyecto enfrenta, sin embargo, un desafío considerable. Cada robot tiene un costo de fabricación de alrededor de 50,000 dólares, una inversión que debe recuperarse mediante los servicios de limpieza. A ello se suma la necesidad de mantener sistemas de inteligencia artificial, operadores remotos y la infraestructura necesaria para supervisar las máquinas.

El precio de 30 dólares por hora puede resultar atractivo frente al costo de algunos servicios profesionales de limpieza, pero todavía habrá que comprobar si el modelo es rentable a gran escala y, sobre todo, si los robots pueden ofrecer un nivel de servicio que satisfaga las expectativas de los clientes.

Tau Robotics sostiene que sus robots no necesariamente están compitiendo únicamente contra las trabajadoras domésticas. Según Koch, la empresa también está llegando a personas que nunca habían contratado servicios de limpieza o que no lo hacían con frecuencia.

Esa perspectiva plantea un escenario diferente: en lugar de limitarse a reemplazar empleos existentes, la robótica podría crear un nuevo segmento de servicios para consumidores que antes no consideraban contratar ayuda para la limpieza.

La verdadera prueba llegará cuando estos robots tengan que enfrentarse a la complejidad de una casa real, con objetos fuera de lugar, superficies distintas, espacios estrechos y necesidades cambiantes. Por ahora, Chelsea y Elon representan más un experimento sobre el futuro de la limpieza que una sustitución completa del trabajo humano.

La apuesta de Tau Robotics muestra, eso sí, hacia dónde se dirige una parte de la industria tecnológica: máquinas humanoides capaces de realizar tareas físicas en entornos diseñados originalmente para personas. Si consiguen superar sus actuales limitaciones, el servicio podría transformar la manera en que se realizan algunas labores domésticas. Pero mientras la inteligencia artificial siga necesitando operadores humanos para resolver situaciones inesperadas, la revolución de los robots de limpieza todavía estará, al menos parcialmente, en manos de las personas.

 

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