Murciélagos podrían esconder una clave contra el cáncer y el envejecimiento, según un nuevo estudio
Los murciélagos podrían tener mucho más que alas y ecolocalización para enseñarle a la ciencia. Un nuevo estudio publicado en la revista Nature encontró que estos mamíferos poseen adaptaciones genéticas relacionadas al mismo tiempo con la inmunidad, la resistencia frente a virus, la prevención del cáncer y el envejecimiento.
El hallazgo resulta especialmente interesante porque los murciélagos rompen una de las tendencias conocidas de la biología de los mamíferos: los animales pequeños suelen tener vidas relativamente cortas, mientras que las especies de mayor tamaño tienden a vivir más años. Los murciélagos, sin embargo, parecen haber encontrado una manera de desafiar esta regla.
Un ejemplo es el murciélago marrón pequeño (Myotis lucifugus), un animal que puede tener un tamaño comparable al de un ratón de campo y, pese a ello, alcanzar una longevidad de hasta 34 años. En otros pequeños roedores, la esperanza de vida puede medirse en apenas meses.
Para los investigadores, esta capacidad convierte a los murciélagos en un modelo excepcional para estudiar cómo un organismo pequeño puede mantener durante décadas sus funciones biológicas y, al mismo tiempo, enfrentar amenazas como infecciones virales y la aparición de células potencialmente cancerosas.
Una evolución que conecta inmunidad y longevidad
El equipo científico analizó los genomas de ocho especies de murciélagos y complementó el estudio genético con experimentos celulares realizados en laboratorio.
Los investigadores se concentraron particularmente en especies del género Myotis, que cuenta con más de 139 especies distribuidas en seis continentes. Este grupo desciende de un antepasado común que vivió hace aproximadamente 33 millones de años y presenta una enorme variación en longevidad: algunas especies viven alrededor de siete años, mientras otras pueden alcanzar hasta 42.
El análisis mostró que los murciélagos han desarrollado diferentes estrategias para enfrentarse a los virus. Por un lado, presentan adaptaciones que les permiten combatir con eficacia virus de ADN, como los relacionados con la viruela y el herpes. Por otro, poseen mecanismos inmunitarios más flexibles frente a virus de ARN, capaces de cambiar rápidamente, como los virus de la influenza.
La diferencia es importante porque no todos los virus representan el mismo desafío para un organismo. Mientras algunos permanecen relativamente estables, otros evolucionan con rapidez, obligando al sistema inmunitario a responder de maneras diferentes.
El estudio sugiere que la evolución habría favorecido modificaciones genéticas capaces de responder a cada uno de estos escenarios.
El secreto estaría en genes que cumplen varias funciones
Uno de los aspectos más llamativos de la investigación es que los científicos no encontraron que la longevidad, la inmunidad y la resistencia al cáncer fueran necesariamente fenómenos independientes.
Por el contrario, identificaron genes relacionados con el envejecimiento que también participan en las defensas antivirales y en la protección contra los tumores.
Esto abre una perspectiva distinta para estudiar la salud. En lugar de analizar por separado los mecanismos que hacen que un organismo envejezca, combata infecciones o evite el cáncer, los investigadores plantean que puede existir una zona común donde estos procesos se encuentran.
La explicación está relacionada con la presión evolutiva. Durante millones de años, los murciélagos han tenido que lidiar con una combinación poco habitual de características: son animales longevos, tienen una elevada actividad metabólica asociada con el vuelo y conviven con numerosos microorganismos, incluidos virus que pueden permanecer en sus organismos sin provocarles las mismas consecuencias que tendrían en otras especies.
Esa combinación pudo favorecer la aparición y conservación de mecanismos biológicos particularmente eficientes.
¿Cómo consiguen reducir el riesgo de cáncer?
El cáncer aparece cuando las células acumulan alteraciones que les permiten crecer y reproducirse de manera descontrolada. Por eso, uno de los grandes retos para cualquier organismo es impedir que el daño celular termine transformándose en un tumor.
Los investigadores plantean tres grandes estrategias para enfrentar este problema: prevenir el daño, reparar el ADN alterado o eliminar las células dañadas antes de que puedan convertirse en peligrosas.
Los murciélagos longevos parecen recurrir de manera importante a esta última alternativa.
En determinadas circunstancias, en lugar de intentar reparar una célula que ha sufrido daños potencialmente peligrosos, el organismo puede eliminarla y reemplazarla por una célula nueva. De esta manera, se reduce la posibilidad de que una mutación permanezca y se acumule hasta favorecer el desarrollo de un tumor.
Esta estrategia no es exclusiva de los murciélagos. Mecanismos relacionados con la eliminación de células dañadas también han sido observados en otros animales extraordinariamente longevos, entre ellos los elefantes, las ratas topo desnudas y algunas ballenas.
La coincidencia resulta particularmente interesante para la investigación biomédica: diferentes especies parecen haber desarrollado soluciones propias para un mismo problema biológico, el deterioro celular que se acumula con el paso del tiempo.
Murciélagos: pequeños mamíferos con una defensa extraordinaria
El interés científico por estos animales también tiene otra explicación. Los murciélagos son, después de los roedores, el grupo de mamíferos más numeroso del planeta y ocupan una enorme variedad de ecosistemas.
Además, son capaces de convivir con virus que pueden resultar muy dañinos cuando infectan a otras especies. Esta característica ha convertido a los murciélagos en un objeto de estudio importante para comprender las enfermedades zoonóticas.
Sin embargo, esto no significa que los murciélagos sean simplemente “reservorios de enfermedades”. Su biología muestra que han desarrollado una relación particularmente sofisticada con su sistema inmunitario: pueden mantener respuestas defensivas eficaces sin necesariamente desencadenar una inflamación excesiva y prolongada.
Esta diferencia es relevante porque una respuesta inmunitaria demasiado intensa también puede causar daños en los propios tejidos del organismo.
Por ello, estudiar cómo los murciélagos equilibran defensa, inflamación, reparación y longevidad podría proporcionar información útil para comprender enfermedades humanas.
¿Puede este descubrimiento ayudar a combatir el cáncer?
Los investigadores son cuidadosos con las posibles aplicaciones médicas. El estudio no significa que exista ya un tratamiento contra el cáncer basado en los murciélagos, ni que sus genes puedan trasladarse directamente a los seres humanos.
Lo que ofrece es una nueva pista sobre los mecanismos biológicos que podrían ser relevantes para desarrollar futuras terapias.
Si la ciencia consigue comprender con mayor precisión cómo estos animales eliminan células dañadas, mantienen la estabilidad de su ADN, regulan la inflamación y conservan una respuesta inmunitaria funcional durante décadas, algunos de esos mecanismos podrían inspirar nuevas estrategias para prevenir o tratar enfermedades relacionadas con el envejecimiento.
La posibilidad resulta especialmente atractiva porque cáncer, envejecimiento y deterioro del sistema inmunitario suelen avanzar de manera relacionada. Con el paso de los años, las células acumulan daños, las defensas cambian y aumenta el riesgo de diversas enfermedades.
Los murciélagos parecen haber encontrado, a través de millones de años de evolución, una combinación particularmente eficiente para enfrentar varios de estos problemas al mismo tiempo.
Una ventana hacia el envejecimiento saludable
El valor del estudio no está únicamente en buscar una futura cura contra el cáncer. También plantea una pregunta más amplia: ¿cómo consiguen algunos animales vivir durante décadas sin sufrir el mismo deterioro que esperaríamos en organismos de tamaño similar?
La respuesta podría encontrarse en la interacción entre diferentes sistemas biológicos.
La longevidad de los murciélagos parece estar vinculada con mecanismos que controlan el daño celular, mantienen una respuesta inmunitaria eficaz y limitan la aparición de alteraciones que pueden conducir a enfermedades.
Comprender esa conexión podría ayudar a la medicina a cambiar la forma en que aborda algunos de los grandes problemas asociados con el envejecimiento. En vez de estudiar cada enfermedad como un fenómeno completamente separado, los investigadores podrían concentrarse en los mecanismos comunes que determinan cuánto daño acumulan las células y qué tan eficazmente puede responder el organismo.
Por ahora, los murciélagos no tienen la respuesta definitiva al cáncer ni al envejecimiento humano. Pero su extraordinaria longevidad y su capacidad para convivir con virus ofrecen a la ciencia un modelo natural que puede revelar nuevas formas de proteger las células, conservar las defensas y prolongar la salud durante el envejecimiento.



