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Viernes, 28 de agosto de 2026
Ciencia

El Niño se intensifica con el calentamiento global: corales revelan un cambio inusual en los últimos 1.000 años

28 de agosto de 2026 · 16:30 Redacción Café Grillo

Los episodios más intensos de El Niño podrían estar volviéndose cada vez más extremos a medida que aumenta la temperatura del planeta. Así lo sugiere una investigación publicada en la revista Science, cuyos autores analizaron registros conservados durante siglos en esqueletos de coral y reconstruyeron cómo se ha comportado este fenómeno climático a lo largo de los últimos 1.000 años.

El hallazgo aporta una nueva perspectiva sobre una de las grandes preguntas de la ciencia climática: si el calentamiento global provocado por la actividad humana está modificando la intensidad del sistema conocido como El Niño-Oscilación del Sur, o ENSO por sus siglas en inglés.

Este ciclo natural del Pacífico tropical alterna entre las fases cálidas de El Niño y las fases frías de La Niña, pero sus efectos no se quedan en el océano. Sus variaciones pueden modificar los patrones meteorológicos en distintas partes del planeta, favoreciendo lluvias intensas e inundaciones en algunas regiones y sequías, incendios forestales y temperaturas extremas en otras.

La investigación llega en un momento de especial atención sobre el comportamiento de El Niño en el Pacífico ecuatorial. Los científicos advierten que un episodio en fortalecimiento podría alcanzar una intensidad excepcional, comparable o incluso superior a la registrada durante grandes eventos como los de 1982, 1997 y 2015. Se espera que sus efectos se extiendan a diferentes regiones del mundo y contribuyan al aumento de las temperaturas globales.

Para entender si estos fenómenos extremos forman parte de una variación natural o si representan un cambio relacionado con el calentamiento del planeta, el equipo científico decidió mirar mucho más atrás de los registros meteorológicos modernos.

Los datos obtenidos mediante satélites solo se remontan a principios de la década de 1980 y, antes de ese periodo, la información recopilada por embarcaciones resulta limitada. Ante esta falta de registros directos, los paleoclimatólogos recurrieron a una fuente inesperada: los esqueletos de coral.

En las islas Galápagos, frente a la costa occidental de Ecuador y ubicadas en una región clave para el desarrollo de El Niño, los investigadores encontraron una especie de archivo natural del clima. Los corales vivos y fosilizados crecen aproximadamente entre uno y dos centímetros al año y conservan en su estructura química información sobre las condiciones del agua en la que se formaron.

Al analizar muestras a escala milimétrica, los científicos pudieron reconstruir registros mensuales de temperatura distribuidos a lo largo de un milenio. La clave está en la composición química del coral, especialmente en la proporción de estroncio y calcio, así como en las distintas formas de oxígeno presentes en su esqueleto.

Estos elementos funcionan como una huella de las condiciones ambientales del pasado y permitieron reconstruir cómo cambiaron las temperaturas del Pacífico oriental durante los ciclos de El Niño y La Niña.

Los resultados mostraron un patrón claro. Durante el periodo preindustrial, entre los años 1000 y 1850, las oscilaciones relacionadas con ENSO fueron considerablemente menores. Sin embargo, comenzaron a aumentar hacia finales del siglo XIX y experimentaron una amplificación especialmente marcada durante los últimos 40 años.

Al comparar esta información con modelos climáticos que reproducen las condiciones del periodo preindustrial, los investigadores concluyeron que el aumento observado supera lo que podría explicarse únicamente por las variaciones naturales del clima.

Según el estudio, la variabilidad de ENSO es actualmente aproximadamente 36% mayor en el Pacífico ecuatorial oriental que durante la era preindustrial. Esta cifra es importante, aunque los investigadores aclaran que no significa que cada episodio de El Niño sea exactamente 36% más fuerte.

El porcentaje se refiere a una mayor variabilidad del sistema completo océano-atmósfera, que incluye tanto las fases cálidas de El Niño como las fases frías de La Niña. Sin embargo, el análisis indica que esta amplificación está impulsada principalmente por episodios de El Niño más intensos.

Julia Cole, autora principal de la investigación y profesora de la Universidad de Míchigan, explicó que los eventos muy fuertes registrados recientemente resultan inusuales cuando se observan dentro del contexto de los últimos 1.000 años.

El fortalecimiento detectado, además, coincide con el aumento de la temperatura global. Para los investigadores, esta coincidencia apunta a una relación entre la creciente intensidad de estos fenómenos y el calentamiento provocado por las emisiones asociadas a la quema de combustibles fósiles.

Las consecuencias podrían ser significativas para millones de personas. El Niño es uno de los principales impulsores de fenómenos meteorológicos extremos a escala mundial y puede agravar los riesgos climáticos existentes.

En Centroamérica, por ejemplo, sus efectos pueden traducirse en periodos de sequía que afectan la agricultura y la disponibilidad de agua. En otras regiones, como el sudeste asiático, las condiciones más cálidas y secas pueden favorecer incendios forestales de gran intensidad. Al mismo tiempo, otras zonas del planeta pueden experimentar lluvias extraordinarias, inundaciones y alteraciones en los patrones habituales de temperatura.

Por ello, comprender cómo está cambiando El Niño en un planeta cada vez más cálido se ha convertido en una prioridad científica. Durante años existió un amplio consenso sobre el hecho de que los efectos de El Niño se superponen al cambio climático y pueden intensificar sus consecuencias. Sin embargo, había menos certeza sobre si el calentamiento global también estaba modificando directamente la fuerza del propio ciclo ENSO.

Los nuevos registros obtenidos a partir de los corales ayudan a llenar parte de ese vacío. Al ofrecer una mirada que se extiende durante un milenio, permiten comparar la intensidad de los eventos recientes con una escala temporal mucho más amplia que la disponible a través de los instrumentos modernos.

El estudio también refuerza la preocupación sobre el futuro climático. Aunque los corales pueden mostrar cómo se comportó el sistema en el pasado, no funcionan como una herramienta para predecir con exactitud lo que ocurrirá en las próximas décadas.

Lo que sí muestran los datos es una tendencia de fortalecimiento que ha coincidido con el calentamiento global y que ya se observa en el comportamiento reciente del Pacífico tropical.

En un mundo donde las temperaturas continúan aumentando, los científicos advierten que comprender la evolución de fenómenos como El Niño será cada vez más importante. Sus efectos no solo se reflejan en mapas meteorológicos o registros de temperatura: pueden impactar la producción de alimentos, la disponibilidad de agua, los incendios, las inundaciones y la vida cotidiana de comunidades enteras.

Los esqueletos de coral de las Galápagos, convertidos en una especie de máquina del tiempo climático, ofrecen así una advertencia desde el pasado. Los grandes episodios de El Niño que hoy comienzan a observarse con mayor frecuencia e intensidad parecen situarse fuera de lo habitual cuando se comparan con los últimos 1.000 años, una señal que vuelve a colocar al calentamiento global y a la reducción de las emisiones contaminantes en el centro de la discusión sobre el futuro del planeta.

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