El ancestro marino que une a arañas y cangrejos herradura: un hallazgo de hace 500 millones de años
Un descubrimiento fósil está cambiando la forma en que se entiende la evolución de algunos de los animales más conocidos —y en ocasiones temidos— del planeta. Se trata de Megachelicerax cousteaui, una especie desconocida hasta ahora cuyos restos han permitido establecer la conexión más antigua entre las arañas y los cangrejos herradura, ambos pertenecientes al grupo de los quelicerados.
El hallazgo, realizado en Utah, Estados Unidos, y analizado por investigadores de la Universidad de Harvard junto con otras instituciones, fue publicado en la revista Nature. Este trabajo proporciona evidencia de que los quelicerados —el linaje que incluye a arañas, escorpiones, ácaros y cangrejos herradura— ya existían hace unos 500 millones de años, durante el periodo Cámbrico.
El elemento clave de esta investigación radica en las quelíceras, apéndices prensiles característicos de este grupo que utilizan para alimentarse. Hasta ahora, los fósiles más antiguos con estas estructuras eran considerablemente más recientes, lo que generaba incertidumbre sobre el momento exacto en que surgieron. Con Megachelicerax cousteaui, esa duda comienza a resolverse.
![Species New to Science: [Paleontology • 2026] Megachelicerax cousteaui • A Chelicera-bearing Arthropod reveals the Cambrian Origin of Chelicerates](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh1eeTU1x1u9KaB8TzOzVkiEznv_eO1-m8z0u2tMvPGQEVy5XzAuva7o-hXDhwgbhQyLZtxdjFehpYIp_wK9Sy50w9eSbjFGDhCoC-9gtr_6Leg3BY7YpBkNdZnCqjX0O0lUee2s_BRl2NZXFopUFV-8lzWfO-3JaJNFCMXlRMyevXxmwenthUkmVtwqtU/s2136/Megachelicerax_cousteaui-novataxa_2026-Lerosey-Aubril_Ortega-Hernandez.jpg)
Este antiguo depredador marino medía poco más de ocho centímetros y habitaba cerca del fondo oceánico. Su anatomía presenta una combinación única de rasgos: un escudo corporal semicircular, nueve segmentos bien definidos y apéndices que sugieren tanto funciones sensoriales como locomotoras. Además, sus estructuras respiratorias recuerdan a las branquias de los cangrejos herradura, lo que confirma su adaptación al entorno marino.
El análisis filogenético —una técnica que permite reconstruir relaciones evolutivas— posicionó a esta especie en la base del árbol de los quelicerados. Esto significa que representa una forma temprana del grupo, en la que ya estaban presentes características fundamentales que hoy comparten animales como las arañas y los escorpiones.
Uno de los aportes más relevantes del estudio es que demuestra que la organización corporal típica de estos artrópodos —con el cuerpo dividido en dos regiones principales y dotado de quelíceras— ya estaba plenamente desarrollada en el Cámbrico medio. Sin embargo, los investigadores también señalaron que esta innovación evolutiva no implicó una diversificación inmediata. Durante millones de años, estos organismos convivieron con otros artrópodos más simples, como los trilobites, sin expandirse de manera significativa.
El trabajo, liderado por los científicos Rudy Lerosey-Aubril y Javier Ortega-Hernández, también plantea nuevas preguntas. Entre ellas, cómo evolucionaron exactamente las quelíceras: si derivaron de antenas segmentadas o de estructuras más primitivas utilizadas para capturar presas.
A pesar de la relevancia del hallazgo, los especialistas reconocen limitaciones. Algunos rasgos del fósil no se conservaron completamente, lo que dificulta reconstruir todos los detalles de su biología. Por ello, subrayan la necesidad de continuar explorando y analizando nuevos restos fósiles que permitan afinar el calendario evolutivo de este grupo.
En conjunto, este descubrimiento no solo confirma que las arañas modernas tienen un origen marino, sino que también amplía el conocimiento sobre los primeros grandes depredadores del planeta. Megachelicerax cousteaui se convierte así en una pieza clave para entender cómo surgieron y evolucionaron algunos de los artrópodos más exitosos de la historia de la Tierra.
