¿“Cruda” o resaca? Mitos y verdades científicas (y los remedios de la abuela que sí funcionan)
En México decimos “cruda”, en otros países “resaca”, pero el malestar es universal: dolor de cabeza, náuseas, sed intensa, cansancio extremo y una sensación general de arrepentimiento fisiológico. Aunque durante años se ha explicado como una simple consecuencia de “haber tomado de más”, la ciencia ha afinado el diagnóstico. La cruda no es un solo fenómeno, sino la suma de varios procesos que se activan en el cuerpo cuando metaboliza el alcohol.
El principal sospechoso no es solo el alcohol en sí, sino su metabolito más tóxico: el acetaldehído. Cuando el hígado descompone el etanol, genera esta sustancia que provoca inflamación, náuseas y malestar general. A esto se suma la deshidratación, ya que el alcohol inhibe la hormona antidiurética y hace que orines más de lo normal. Menos líquidos implican menos volumen sanguíneo, lo que favorece el dolor de cabeza y la fatiga. También hay alteraciones en el azúcar en sangre, en el sueño y en los neurotransmisores, lo que explica la irritabilidad y la “neblina mental” del día siguiente.
Entre los mitos más populares está la idea de que “curarla” con más alcohol —el famoso “ojo rojo” o la cerveza mañanera— ayuda a sentirse mejor. En realidad, solo aplaza los síntomas. Beber más alcohol puede atenuar momentáneamente el malestar porque activa la dopamina, pero prolonga la deshidratación y el proceso inflamatorio. Tampoco es cierto que mezclar bebidas sea la causa directa de la cruda: el problema es la cantidad total de alcohol. Sin embargo, bebidas oscuras como el tequila reposado, el whisky o el vino tinto suelen empeorarla porque contienen congéneres, compuestos que intensifican los síntomas.
¿Y los remedios de la abuela? Algunos tienen más respaldo científico del que parece. El caldo —de pollo o de res— sí ayuda, no por magia, sino porque aporta líquidos, sodio y otros electrolitos que favorecen la rehidratación. Además, es fácil de digerir cuando el estómago está sensible. El plátano y otros alimentos ricos en potasio ayudan a compensar la pérdida de minerales, mientras que los huevos aportan cisteína, un aminoácido que participa en la descomposición del acetaldehído.
El café merece una aclaración importante. Aunque muchas personas lo usan para “despertar”, la cafeína no cura la cruda. Puede mejorar la sensación de somnolencia, pero también agravar la deshidratación y la irritación gástrica si se toma en exceso. Algo similar ocurre con los analgésicos: el paracetamol puede dañar el hígado cuando se combina con alcohol residual, y los antiinflamatorios pueden irritar más el estómago. Si se usan, debe ser con moderación y nunca como solución principal.
Dormir bien, hidratarse con agua o bebidas con electrolitos y comer algo ligero sigue siendo la estrategia más efectiva. No existe una cura instantánea porque el cuerpo necesita tiempo para eliminar el alcohol y reparar el daño temporal. La prevención, aunque poco popular en la sobremesa, sigue siendo la mejor aliada: beber despacio, alternar alcohol con agua, comer antes y durante, y elegir bebidas con menos congéneres.
Al final, la cruda no es un castigo moral, sino una respuesta biológica compleja. Escuchar al cuerpo, entender qué sí funciona y dejar de confiar en mitos milagrosos puede hacer la diferencia entre un día perdido y una recuperación más llevadera. Y aunque los remedios de la abuela no lo curan todo, algunos, respaldados por la ciencia, merecen seguir pasando de generación en generación.