Centenarios suizos revelan 37 proteínas asociadas a un envejecimiento más lento

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Screenshot 2026-02-25 at 16-39-24 Los secretos que esconde la sangre de los centenarios sobre la longevidad y la protección frente a enfermedades - Infobae

Un análisis de sangre realizado a personas mayores de 100 años en Suiza identificó 37 proteínas vinculadas a un envejecimiento más lento, lo que sugiere que algunos mecanismos biológicos esenciales permanecen activos incluso en edades extremas. El hallazgo fue publicado en la revista Aging Cell y forma parte del proyecto SWISS100, el primer estudio suizo a gran escala dedicado exclusivamente a centenarios.

La investigación fue desarrollada por la Universidad de Ginebra y la Universidad de Lausana, y plantea que la longevidad excepcional podría depender tanto de factores moleculares como de hábitos de vida saludables. En Suiza, apenas el 0,02 % de la población supera los 100 años, lo que convierte a este grupo en un modelo clave para comprender los procesos del envejecimiento saludable.

El equipo estuvo dirigido por Karl-Heinz Krause, profesor honorario de la Facultad de Medicina de la Universidad de Ginebra, y comparó tres grupos: 39 centenarios de entre 100 y 105 años —85 % mujeres—, 59 octogenarios y 40 adultos de entre 30 y 60 años. Los científicos midieron 724 proteínas en el suero sanguíneo, incluidas 358 relacionadas con inflamación y 366 con marcadores cardiovasculares, dos áreas fundamentales para la salud a largo plazo.

De ese total, 37 proteínas mostraron un patrón particularmente llamativo. En los centenarios, sus niveles se asemejaban más a los observados en personas jóvenes que a los de los octogenarios. Esto representa cerca del 5 % de las proteínas analizadas y sugiere que, aunque los centenarios no están exentos del envejecimiento, ciertos mecanismos clave experimentan una ralentización significativa.

Uno de los resultados más relevantes se relaciona con el estrés oxidativo, proceso asociado al daño celular provocado por radicales libres. Estos compuestos se generan principalmente por inflamación crónica y por mitocondrias disfuncionales. En los centenarios, los investigadores detectaron niveles significativamente inferiores de proteínas antioxidantes clave. A primera vista, este hallazgo podría parecer contradictorio, pero en realidad indica que el nivel general de estrés oxidativo es menor, por lo que el organismo necesita producir menos defensas antioxidantes.

Además, se identificaron proteínas vinculadas a la regulación de la matriz extracelular —estructura que actúa como “andamiaje” de los tejidos— con perfiles similares a los de personas jóvenes. Otras podrían desempeñar un papel protector frente al cáncer, mientras que varias relacionadas con el metabolismo de grasas y glucosa, que suelen aumentar con la edad, permanecen estables en los centenarios.

También se observó una baja presencia de interleucina-1 alfa, una proteína proinflamatoria, y una conservación óptima de la DPP-4, enzima que degrada la hormona GLP-1, central en el control de la insulina. Este equilibrio sugiere que los centenarios mantienen niveles relativamente bajos de insulina sin desarrollar desregulación metabólica. Según los investigadores, este mecanismo podría proteger frente al hiperinsulinismo y el síndrome metabólico, favoreciendo un metabolismo eficiente en lugar de sobreestimulado.

El proyecto SWISS100, dirigido por Daniela Jopp en la Universidad de Lausana, aborda la longevidad desde cuatro dimensiones: sociología, psicología, medicina y biología. La comparación con octogenarios resulta clave, ya que permite distinguir entre el envejecimiento habitual y el envejecimiento excepcional.

Los expertos subrayan que el componente genético de la longevidad representa aproximadamente el 25 %, lo que significa que el estilo de vida desempeña un papel determinante. Factores como la nutrición equilibrada, la actividad física regular, el mantenimiento de un peso saludable y la calidad de las relaciones sociales influyen directamente en la regulación metabólica y en la reducción del estrés oxidativo.

De cara al futuro, estos hallazgos podrían abrir nuevas líneas terapéuticas para combatir la fragilidad asociada a la edad avanzada. En un contexto demográfico en el que la población mayor de 85 años se duplicará en Europa hacia 2050 y el número de centenarios en el mundo podría acercarse a los cuatro millones, comprender los mecanismos que permiten un envejecimiento saludable se vuelve un desafío científico y social de primer orden.

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