Artemis II enfrenta su momento más crítico: el regreso a la Tierra tras conquistar la órbita lunar

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Después de hacer historia al alcanzar la órbita lunar por primera vez en más de medio siglo, los astronautas de la misión Artemis II enfrentan este viernes la etapa más delicada de su viaje: el reingreso a la Tierra. A bordo de la cápsula Orión cápsula Artemis, Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen deberán superar una maniobra que combina velocidades extremas, temperaturas infernales y una precisión milimétrica para regresar sanos y salvos.

El amerizaje está programado para las 20:07 horas del este de Estados Unidos (00:07 GMT del sábado), en una amplia zona del océano Pacífico. Este descenso marca el cierre de una misión de diez días que orbitó la Luna sin alunizar, pero que representa un paso clave para el regreso humano al satélite natural.

El reingreso es considerado uno de los momentos más críticos de cualquier misión espacial. Durante aproximadamente 13 minutos, la cápsula enfrentará condiciones extremas al entrar en la atmósfera terrestre a más de 40 mil kilómetros por hora, una velocidad 45 veces superior a la de un avión comercial. En ese proceso, los astronautas experimentarán fuerzas equivalentes a cuatro veces la gravedad terrestre, mientras la fricción con el aire eleva la temperatura exterior hasta cerca de 2,760 grados Celsius.

Toda la seguridad de la tripulación depende del escudo térmico de Orión, diseñado para soportar este infierno de calor. De acuerdo con expertos de la NASA, esta fase permitirá comprobar la eficacia del sistema de protección en condiciones reales, algo que solo es posible al regresar desde una trayectoria lunar. Como explicó el ingeniero Carlos García-Galán, esta velocidad —necesaria para poner a prueba el escudo— solo puede alcanzarse en misiones que viajan hasta la Luna.

El descenso comienza mucho antes de tocar el océano. Aproximadamente 42 minutos antes del amerizaje, la cápsula se separa de su módulo de servicio. Luego, a unos 120 kilómetros de altura, una serie de propulsores ajusta su orientación para asegurar el ángulo correcto de entrada. A partir de ese momento, Orión se convierte en una “bola de fuego”, como la describió el astronauta Victor Glover, atravesando la atmósfera en un intenso proceso de desaceleración.

A medida que la velocidad disminuye, entra en acción el sistema de paracaídas. En total, se despliegan 11, comenzando a unos 2,700 metros de altura, reduciendo la velocidad de más de 200 kilómetros por hora a menos de 32 kilómetros por hora antes de tocar el agua. Tras recorrer más de 740 mil kilómetros durante la misión, la cápsula finalmente amerizará a unos cientos de millas de la costa de San Diego, California.

El operativo de recuperación es igualmente complejo. Equipos especializados de las fuerzas armadas estadounidenses serán los encargados de rescatar a la tripulación. Buzos verificarán primero las condiciones alrededor de la cápsula antes de asistir a los astronautas, quienes serán trasladados en helicóptero a un barco para evaluaciones médicas iniciales. Posteriormente, viajarán a Houston, Texas, para continuar con su recuperación.

Mientras tanto, la cápsula Orión será remolcada de regreso al Centro Espacial Kennedy, en Florida, cerrando así un capítulo crucial en el programa Artemis. El éxito de este reingreso no solo garantizará el regreso seguro de la tripulación, sino que también validará tecnologías esenciales para futuras misiones, incluyendo el esperado regreso del ser humano a la superficie lunar.

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