La Enfermedad Renal Crónica en México; un reto para la salud pública
Este 12 de marzo se conmemora el Día Mundial del Riñón, fecha que visibiliza la enfermedad renal crónica. De acuerdo con la campaña internacional World Kidney Day, a nivel global, 1 de cada 10 personas vive con esta enfermedad que suele avanzar en silencio, sin síntomas claros al inicio, hasta afectar seriamente al organismo.
Este 12 de marzo se conmemora el Día Mundial del Riñón, fecha que visibiliza la enfermedad renal crónica. De acuerdo con la campaña internacional World Kidney Day, a nivel global, 1 de cada 10 personas vive con esta enfermedad que suele avanzar en silencio, sin síntomas claros al inicio, hasta afectar seriamente al organismo.
La enfermedad renal crónica (ERC) en etapas avanzadas representa uno de los desafíos clínicos y financieros más importantes para los sistemas de salud. En pacientes que requieren diálisis, el control del trastorno mineral y óseo asociado a la ERC es un componente esencial del tratamiento, especialmente en lo relacionado con el manejo de la hiperfosfatemia. La presencia sostenida de niveles elevados de fósforo en sangre se vincula con un proceso acelerado de calcificación vascular, así como con un mayor riesgo de complicaciones cardiovasculares, hospitalizaciones recurrentes y un incremento en la mortalidad.
La European Renal Association advierte que las complicaciones cardiovasculares representan la principal causa de muerte entre pacientes con insuficiencia renal que reciben tratamientos de diálisis de manera regular.

En el caso de México, la ERC representa un desafío cada vez mayor para el sistema de salud. El Instituto Nacional de Salud Pública reportó que en 2017 la prevalencia de este padecimiento en México fue de 12.2%, con una mortalidad de 51.4 por cada 100 mil habitantes, lo que significó un aumento de 102% respecto a 1990. Son números que reflejan el peso de una enfermedad que, en muchos casos, se detecta cuando ya está en etapas avanzadas.
Además de sus efectos en la salud de los pacientes, la enfermedad renal crónica en etapas avanzadas representa uno de los principales desafíos clínicos y financieros para los sistemas de salud. El tratamiento de sus complicaciones, incluidos los medicamentos utilizados para controlar los niveles de fósforo, requiere continuidad para mantener la estabilidad del paciente. Cuando estos tratamientos se interrumpen, ya sea por desabasto o dificultades de acceso, el control de la enfermedad puede verse comprometido, lo que aumenta el riesgo de descompensaciones clínicas y deterioro del estado de salud.
Carlos Domínguez, director general de Synthon México, señala que el éxito en el tratamiento de la enfermedad renal crónica (ERC) depende no solo de una detección oportuna y de que los pacientes mantengan sus terapias sin interrupciones, sino también, y de forma determinante, de un abastecimiento adecuado y continuo de medicamentos por parte de los laboratorios hacia las instituciones de salud.

En este sentido, destacó que entre 2021 y 2025 se ha brindado atención a 40,459 pacientes renales con hiperfosfatemia en México, tanto en el sector público como en el privado. Subrayó que garantizar la entrega en tiempo y forma de los tratamientos es clave para evitar descompensaciones, mejorar el control clínico y prevenir complicaciones que afectan la calidad y la expectativa de vida de quienes viven con esta enfermedad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la adherencia a los tratamientos es un factor clave en el manejo de las enfermedades crónicas. Incluso en países desarrollados apenas cerca de la mitad de los pacientes mantiene de forma adecuada sus terapias de largo plazo, y en los países en desarrollo el nivel de apego suele ser todavía menor.
En el marco del Día Mundial del Riñón, lo que importa es detectar a tiempo, prevenir su avance y garantizar que quienes viven con la enfermedad tengan acceso contínuo y oportuno a su tratamiento, lo que puede mejorar la calidad de vida de miles de pacientes.