Joven ‘Therian’ sufre mordida de perro real: debate sobre identidad y riesgos
Por Bruno Cortés
Un video viral muestra el choque entre la identidad ‘therian’ y el instinto animal; redes sociales estallan en polémica sobre seguridad y autoexpresión.
¡Vaya susto y tremenda lección de realidad la que nos regalaron las redes esta semana! Resulta que en el vasto mundo del internet, donde uno cree haberlo visto todo, se viralizó el momento exacto en que una joven identificada como therian —esas personas que se sienten animales en un nivel espiritual o psicológico— fue mordida por un perro de verdad mientras imitaba sus movimientos. El video, que corre como pólvora en «X» y TikTok, muestra a la chica haciendo quadrobics (caminar en cuatro patas) y ladrando, cosa que al «Firulais» presente no le hizo ni pizca de gracia, respondiendo con una mordida directa y sin escalas.
El incidente, ocurrido aparentemente en Sudamérica pero replicado en los celulares de toda la capirucha, ha puesto el dedo en la llaga sobre un tema que muchos venían ignorando: la seguridad física frente a las nuevas formas de expresión identitaria. No es cosa menor, chilangos; el perro, actuando por puro instinto, no distinguió si era una performance, una identidad de género o un juego. El animal vio una amenaza o una conducta errática en su código canino y reaccionó como la naturaleza le dicta: tirando la mordida.

Para los que andan «sacados de onda» con los términos, vamos poniendo los puntos sobre las íes. Un therian no es lo mismo que un furry. Mientras que los furries se disfrazan por afición y crean personajes (botargas, pues), los therians aseguran que su identidad humana es solo un envase y que por dentro habita el espíritu de un lobo, un gato o, en este caso, un can. No es un disfraz de domingo; para ellos es una vivencia interna muy seria que, lamentablemente, esta vez chocó de frente con la biología del mundo real.
Aquí en la Ciudad de México la cosa no nos es ajena. Ya se han reportado grupos de jóvenes en parques como el México o el España practicando estos quadrobics, corriendo en cuatro extremidades y ejercitando su «teriotipo». Y aunque en esta ciudad cabemos todos y el respeto al derecho ajeno es la paz, la situación cambia cuando la fantasía interactúa con terceros que no tienen vela en el entierro, o peor aún, con animales que no entienden de corrección política ni de tendencias de TikTok.
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Expertos en comportamiento animal, consultados tras el revuelo, coinciden en una neta ineludible: para un perro, ver a un humano comportándose como perro pero oliendo a humano y moviéndose de forma «antinatural» es una señal de alerta máxima. El lenguaje corporal que los therians imitan a veces carece de las sutilezas que los canes usan para decir «vengo en son de paz», lo que convierte un acto de autoexpresión en una situación de alto riesgo.
La polémica en redes está que arde, dividida en dos bandos irreconciliables. Por un lado, la «banda» que defiende a capa y espada la libertad de ser y sentirse como a uno le plazca, argumentando que la chica no hacía daño a nadie. Por el otro, los que señalan la imprudencia de interactuar con animales desconocidos bajo códigos que el animal no comprende, poniendo en riesgo la integridad propia y, de paso, al dueño del perro que ahora carga con la bronca.
Más allá del morbo y los memes que ya inundan los grupos de WhatsApp, este caso debe servirnos de espejo. En una ciudad tan caótica y viva como la nuestra, la convivencia entre las tribus urbanas y la realidad tangible requiere de un sentido común a prueba de balas. Está «padre» explorar la identidad, pero cuando esa exploración implica ponerse a la altura de las fauces de un animal, hay que medirle el agua a los camotes.
Padres de familia y educadores también han alzado la ceja ante el fenómeno. No se trata de prohibir ni de armar una cacería de brujas contra los chavos que buscan su lugar en el mundo, sino de charlar sobre los límites. La calle no es un escenario controlado y la naturaleza tiene reglas que no se pueden reescribir con un hashtag. La seguridad física debe ser la prioridad número uno, antes que cualquier trend viral.
Al final del día, lo ocurrido nos deja una moraleja con sabor amargo pero necesaria: la identidad es sagrada, pero el instinto animal es ley. Ojalá que este trago amargo sirva para que la comunidad therian y la sociedad en general encuentren formas de coexistir sin que nadie salga lastimado, porque a la hora de la hora, una mordida duele igual, se sienta uno humano, lobo o quimera.