Peatones vs. banquetas rotas en la CDMX: tips para no tropezar con el caos urbano diario
Caminar por la Ciudad de México debería ser el modo más simple, saludable y democrático de moverse. Sin embargo, para millones de peatones, salir a la calle implica esquivar coladeras abiertas, losas sueltas, desniveles improvisados, postes mal colocados y banquetas invadidas por autos, puestos o escombros. En la CDMX, el peatón no solo avanza: sobrevive.
Las banquetas rotas no son un problema menor. Provocan caídas, torceduras, accidentes graves y limitan la movilidad de personas adultas mayores, niños, personas con discapacidad o quienes empujan carriolas. Aun así, caminar sigue siendo inevitable para conectar con el transporte público, llegar al trabajo o hacer la compra diaria. Frente a este escenario, adaptarse se vuelve una estrategia urbana.
Uno de los primeros consejos es mirar más allá del celular. Aunque parezca obvio, gran parte de los tropiezos ocurren por ir leyendo mensajes o usando audífonos que aíslan del entorno. En calles con banquetas dañadas, levantar la vista no es solo una recomendación de cortesía urbana, sino una medida de seguridad básica. Anticipar un desnivel o una losa floja puede evitar una caída aparatosa.
El calzado también importa más de lo que parece. Suelas delgadas, tacones o zapatos resbalosos se convierten en enemigos naturales del peatón capitalino. Optar por zapatos con buena tracción y soporte reduce el impacto de caminar sobre superficies irregulares y ayuda a mantener el equilibrio cuando la banqueta “desaparece” de forma inesperada.
Otro hábito útil es caminar por el lado interno de la banqueta, lejos del arroyo vehicular, pero también de las orillas rotas. Muchas banquetas se deterioran más en los bordes por el paso de autos mal estacionados o el colapso del concreto. Avanzar unos centímetros hacia el interior puede marcar la diferencia entre un paso firme y un tobillo torcido.
Cuando la banqueta está invadida y obliga a bajar a la calle, conviene hacerlo con cautela y decisión. Mirar el flujo vehicular, cruzar lo antes posible y regresar al espacio peatonal en cuanto sea viable reduce riesgos. En estos casos, caminar en grupo o seguir a otros peatones suele ofrecer mayor visibilidad para los automovilistas.
También es importante reconocer las rutas. Con el tiempo, muchos peatones desarrollan mapas mentales de las calles “amigables” y las que conviene evitar. Aunque implique caminar unos minutos más, elegir trayectos con banquetas en mejor estado suele ser más seguro y menos estresante que enfrentar obstáculos constantes.
Más allá de los tips individuales, el problema de las banquetas rotas es un reflejo de cómo la ciudad ha priorizado históricamente al automóvil sobre el peatón. Reportar daños, exigir mantenimiento y apoyar iniciativas de movilidad peatonal son acciones que, aunque parezcan pequeñas, contribuyen a visibilizar un derecho básico: caminar sin miedo a caer.
En la CDMX, andar a pie es un ejercicio de atención plena. Cada paso cuenta, cada grieta se evalúa y cada trayecto se convierte en una negociación con el caos urbano. Mientras la ciudad aprende a cuidar mejor a quienes la caminan, el peatón sigue avanzando, sorteando obstáculos, reclamando su espacio y recordando que la calle también es suya.