Muere Melchor Peredo a los 99 años: el último heredero del muralismo
Fallece a los 99 años en Xalapa el muralista Melchor Peredo. Su obra abarca más de 25 murales al fresco en cuatro países distintos.
Por Juan Pablo Ojeda
La madrugada de este miércoles 8 de abril falleció en la ciudad de Xalapa, Veracruz, el artista plástico Melchor Peredo García a la edad de 99 años. El deceso marca el fin de la línea directa de discípulos formados bajo la técnica y preceptos de la primera ola del muralismo mexicano de principios del siglo XX.
El volumen de su producción internacional contabiliza un mínimo de 25 murales al fresco. Entre sus intervenciones arquitectónicas destacan seis obras en la Universidad de París XII en Francia, un encargo para el Centro de estudiantes Hendrix en la Clemson University en Carolina del Sur, y cuatro paneles integrados al Harton Theatre de la Southern Arkansas University.
A nivel técnico, Peredo García mantuvo la ejecución tradicional del fresco. Sus procesos operativos documentados requerían el uso de cañas de bambú que superaban los diez metros de longitud y el trabajo sostenido sobre andamiajes de gran altura para plasmar los pigmentos sobre la argamasa fresca en muros de escala monumental.
En 2018, el artista modificó sus formatos habituales para desarrollar una serie de seis murales portátiles. Este proyecto específico documentó mediante análisis sociológico y pictórico el fenómeno histórico del contacto entre las tripulaciones españolas y las poblaciones originarias del continente americano hace cinco siglos.
El registro biográfico de Peredo lo posiciona como uno de los últimos alumnos directos de José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Bajo esta tutela técnica, la métrica de su obra mantuvo parámetros constantes de proporción, perspectiva múltiple y resistencia química de los materiales ante la intemperie.
Recientemente, los registros financieros del artista arrojaron un conflicto administrativo. En enero del presente año, Peredo hizo pública una notificación de las autoridades fiscales mexicanas que exigían el pago de un pasivo de 32 mil pesos, derivado de un tabulador sobre murales valuados por el propio fisco en más de 200 mil pesos.
La noticia de su fallecimiento fue corroborada por su pareja, Lourdes Hernández Quiñones, quien notificó el deceso desde la residencia que el artista ocupaba en la capital veracruzana, concluyendo así casi un siglo de producción ininterrumpida.
