El gobierno de México volvió a encender las alertas por la venta de patrimonio cultural en el extranjero. Esta vez, el motivo es una subasta programada para el 11 de marzo en París por la casa Millon, donde se ofrecerán varias piezas arqueológicas que, según autoridades mexicanas, forman parte del patrimonio histórico del país.
La Secretaría de Cultura emitió un comunicado en el que manifestó su rechazo a la venta titulada “Tout l’Or des Empires. Collection de Monsieur D”, prevista en el Hôtel Drouot de la capital francesa. El pronunciamiento fue firmado por la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, quien expresó la “rotunda desaprobación y rechazo” del gobierno mexicano ante la comercialización de objetos que considera parte de la memoria histórica nacional.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) revisó el catálogo de la subasta y determinó que al menos cuatro de las piezas ofertadas corresponden a bienes arqueológicos o históricos originarios de México. De acuerdo con la institución, estos objetos no son simples piezas de colección: forman parte del patrimonio cultural de la nación y están protegidos por la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos.
Esa legislación establece que los vestigios arqueológicos son propiedad de la nación, lo que significa que no pueden venderse ni transferirse de manera legal. Además, la Secretaría de Cultura recordó que la exportación de este tipo de bienes está prohibida desde 1827, por lo que su presencia fuera del territorio mexicano podría estar vinculada a procesos de extracción ilícita o tráfico ilegal.
Frente a este escenario, el gobierno mexicano informó que ya se activaron procedimientos jurídicos y gestiones diplomáticas con el objetivo de detener la subasta y lograr la eventual repatriación de las piezas. La estrategia combina presión legal con diálogo internacional para impedir que estos objetos cambien de manos en el mercado del arte.
En su posicionamiento, la Secretaría de Cultura también hizo un llamado directo a la casa de subastas para suspender la venta. El argumento central es que estos vestigios no son mercancía común, sino testimonios materiales de las culturas originarias que forman parte de la identidad histórica del país.
La dependencia reiteró que México mantiene una política activa para recuperar piezas arqueológicas que han salido del país de manera irregular. En los últimos años se han intensificado las acciones diplomáticas y legales para frenar el comercio de bienes culturales, una práctica que especialistas consideran una forma de despojo cultural.
El comunicado también invitó tanto a los organizadores de la subasta como a los posibles compradores a reflexionar sobre los principios éticos que deberían regir el comercio de arte y antigüedades. Desde la perspectiva del gobierno mexicano, adquirir piezas arqueológicas sin un origen claro contribuye a mantener redes de tráfico que afectan directamente a la preservación del patrimonio.
No es la primera vez que México protesta por una venta de este tipo en la misma casa de subastas. El pasado 27 de febrero se llevó a cabo la subasta “Les Empires de Lumière”, también organizada por Casa Millon. En aquella ocasión, la Secretaría de Cultura solicitó detener la venta después de identificar alrededor de 40 piezas arqueológicas vinculadas con el patrimonio mexicano.
En ambos casos, el gobierno ha insistido en el mismo mensaje: estos objetos no solo tienen valor histórico o artístico, también representan la memoria colectiva de los pueblos originarios y forman parte de la identidad cultural del país.