Arte Wixárika: ¿Por qué no es decoración sino un mapa cósmico?
Es muy probable que hayas visto esas figuras de jaguares o cráneos cubiertos con miles de micro-chaquiras de colores en alguna tienda de lujo en la CDMX o en el aeropuerto. Se ven increíbles, ¿no? Pero hay un detalle que muchos pasan por alto mientras sacan la tarjeta de crédito: para el pueblo Wixárika, esas piezas no son «artesanías» ni objetos de decoración. Son, literalmente, registros de visiones sagradas obtenidas en el desierto tras consumir el hikuri (peyote).
Cada patrón, cada color y cada símbolo tejido en una pieza Wixárika es un mapa del cosmos. Cuando un artista (que en realidad es un depositario de fe) coloca una chaquira sobre la cera de Campeche, no está siguiendo una tendencia de diseño; está narrando el nacimiento del sol, la danza del venado azul o la llegada de la lluvia. Es una escritura visual que ha sobrevivido a la conquista y a la modernidad, manteniendo viva una cosmogonía que se niega a morir.
El proceso creativo es, en sí mismo, un ritual. Para poder crear estas piezas, muchos artistas deben cumplir con ayunos, peregrinaciones a sitios sagrados como Wirikuta y limpiezas espirituales. No es algo que se aprenda en una escuela de diseño, es un conocimiento que se hereda de los abuelos y que requiere una conexión profunda con la naturaleza de la Sierra del Nayar. Por eso, cuando compras una pieza, no te llevas un adorno, te llevas una oración materializada.
Lamentablemente, la tendencia del «estilo étnico» ha traído consigo un problema grave: la apropiación cultural y la explotación. Muchas marcas de moda internacionales han plagiado estos diseños sin dar crédito ni beneficio a las comunidades. Ver un patrón sagrado impreso en una playera producida en serie es un golpe al corazón de su cultura. Por eso, como consumidores conscientes, nuestra chamba es buscar el trato directo y entender el valor real de lo que estamos adquiriendo.
En Nayarit, el arte Wixárika es también una forma de resistencia política y social. A través de sus hilos y sus cuentas, este pueblo defiende sus tierras sagradas de las mineras y de los proyectos que amenazan su forma de vida. Su arte es su voz. Cada vez que alguien se detiene a admirar la complejidad de un «ojo de Dios», está reconociendo la existencia de un mundo que funciona bajo leyes muy distintas a las del mercado global.
La próxima vez que tengas una pieza de estas frente a ti, mírala con otros ojos. Fíjate en la precisión casi matemática de los patrones y en la vibración de los colores. Recuerda que detrás de ese objeto hay una persona que caminó kilómetros bajo el sol para encontrar la inspiración en el silencio de la montaña. El arte Wixárika es un portal a otra dimensión, un recordatorio de que todavía existen misterios que la ciencia no ha podido explicar, pero que la belleza sí puede tocar.
