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Domingo, 6 de septiembre de 2026
Ciencia y Tecnología

¿Qué cambiará con la regulación de dispositivos digitales en escuelas?

La SEP prepara un acuerdo nacional para regular dispositivos digitales en escuelas, con reglas aún pendientes sobre uso y privacidad.

5 de septiembre de 2026 · 07:50 Redacción Café Grillo
Teléfono y tableta sobre un pupitre junto a un cuaderno y lápiz dentro de un salón de clases, imagen editorial sobre dispositivos digitales en escuelas.

La regulación de dispositivos digitales en las escuelas será producto de un acuerdo nacional, informó la Secretaría de Educación Pública el 3 de septiembre. La discusión incluye teléfonos, tabletas y otros equipos que ya forman parte de la vida cotidiana de estudiantes y docentes. El punto central no es sólo si se permite o restringe una pantalla, sino bajo qué reglas se usará dentro del aula.

La SEP no presentó el anuncio como una prohibición general. El boletín plantea la apertura de un debate con autoridades educativas, comunidades escolares y familias. Eso significa que aún deben conocerse los detalles: qué dispositivos entrarán en la norma, quién podrá autorizar su uso, cómo se atenderán necesidades de accesibilidad y qué ocurrirá en una emergencia. La palabra acuerdo importa porque apunta a criterios comunes, no a decisiones aisladas por plantel.

El tema llega con un calendario escolar de 185 días efectivos para el ciclo 2026-2027. Esa cifra ayuda a medir el reto: cualquier regla deberá convivir con clases, recreos, actividades de investigación y comunicación con madres y padres. Un dispositivo puede ser una herramienta de aprendizaje o una distracción; la diferencia depende del propósito, el momento y la supervisión, como ocurre con un cuchillo en una cocina: el objeto no decide por sí solo para qué se utiliza.

Para las familias, la primera tarea será no confundir una propuesta con una obligación vigente. Antes de comprar fundas, contratar aplicaciones de control o retirar un teléfono de la mochila, conviene esperar la norma aplicable y revisar la comunicación oficial de cada autoridad educativa. También será útil preguntar si el plantel tendrá un protocolo escrito y un canal para reportar pérdida, daño o uso indebido.

La privacidad es otro frente. Cuando una escuela pide instalar una aplicación o registrar el uso de un equipo, debe explicar qué información recaba, durante cuánto tiempo la conserva y quién puede consultarla. Los datos de niñas, niños y adolescentes requieren especial cuidado. Una contraseña compartida en un grupo escolar no equivale a una política de protección de datos, aunque resuelva un apuro de esa mañana.

El debate también debe considerar la desigualdad tecnológica. No todas las familias tienen el mismo teléfono, conexión o capacidad para reemplazar un aparato perdido. Si una actividad depende de una aplicación, el plantel tendrá que ofrecer una alternativa que no castigue a quien carece de equipo o datos móviles. La regla más moderna puede volverse una barrera si se diseña pensando que todas las mochilas traen la misma pantalla.

Para docentes y directivos, la claridad operativa será decisiva. Una política que sólo diga “uso responsable” deja demasiadas preguntas: ¿se permite consultar un mapa?, ¿se puede grabar una práctica?, ¿qué pasa con una alerta médica?, ¿quién resguarda los equipos durante una evaluación? Cada respuesta debería quedar por escrito y comunicarse antes de aplicar sanciones.

La SEP también tendrá que distinguir entre aprendizaje digital y conexión permanente. Investigar una fuente, programar, leer un texto o producir una pieza audiovisual no exige tener notificaciones activas todo el día. La tecnología puede entrar al salón como una herramienta puntual, con objetivos verificables y tiempo acotado, en lugar de convertirse en ruido de fondo.

La pregunta útil para las comunidades escolares no es si la pantalla es buena o mala. Es más concreta: ¿qué problema educativo resuelve y cómo se comprobará? La respuesta debería orientar la norma final, junto con reglas de privacidad, accesibilidad, emergencias y convivencia. Hasta que el acuerdo nacional se publique, la cifra que permanece clara es 185 días de clases; todo lo demás debe revisarse en la disposición oficial que venga después.

Palabras clave: dispositivos digitales, escuelas, SEP, celulares en el aula, regulación educativa, privacidad, ciclo escolar 2026-2027, tecnología educativa, familias

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