Santy Montemayor pide abrir la política a jóvenes

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En la Cámara de Diputados hay un tema que cada vez suena más fuerte, aunque no siempre se traduzca en acciones claras: cómo hacer que la política vuelva a conectar con la gente, especialmente con los jóvenes. Y ahí es donde la diputada de Morena, Santy Montemayor Castillo, pone el acento.

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Por Bruno Cortés

 

En la Cámara de Diputados hay un tema que cada vez suena más fuerte, aunque no siempre se traduzca en acciones claras: cómo hacer que la política vuelva a conectar con la gente, especialmente con los jóvenes. Y ahí es donde la diputada de Morena, Santy Montemayor Castillo, pone el acento.

Después de participar en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa en Estrasburgo, la legisladora regresó con un mensaje que, en realidad, también aplica perfecto para México: si los partidos se cierran y dejan de escuchar a la ciudadanía, la democracia se enfría. Y cuando eso pasa, lo que viene es apatía, desconfianza y, en el peor de los casos, la tentación de buscar soluciones autoritarias.

Dicho en pocas palabras: si la gente siente que la política no sirve, deja de participar. Y eso le pega directo al sistema democrático.

Montemayor lo explica desde un punto clave de política pública: los jóvenes no son solo espectadores, son parte central del juego. No basta con hacer programas “para jóvenes”, sino que deben construirse con ellos. Es decir, no es lo mismo diseñar una política desde un escritorio que hacerlo escuchando a quienes realmente les afecta.

Este enfoque no es menor. En temas como medio ambiente, innovación o incluso participación digital, las juventudes suelen ir un paso adelante. Por eso, incluirlas no es un gesto simbólico, sino una estrategia para que las políticas públicas funcionen mejor y tengan mayor impacto.

En su participación internacional, también se discutieron temas que hoy están en el centro del debate global: inteligencia artificial, migración, derechos humanos, vivienda y salud. Todo esto conecta con México, donde el Congreso enfrenta el reto de traducir esas discusiones en leyes concretas que sí cambien la vida de la gente.

La lectura política es clara: abrir espacios a los jóvenes no es un lujo ni una concesión, es una necesidad para que el sistema no se quede obsoleto. Porque si la política no se renueva, se desconecta. Y cuando eso pasa, recuperar la confianza cuesta mucho más.

Al final, el mensaje de la diputada apunta a algo sencillo pero de fondo: una democracia fuerte no se construye solo desde las instituciones, sino desde la participación real de la gente. Y ahí, las nuevas generaciones tienen mucho que decir.

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