La evolución táctica de México se consolida con un empate ante Bélgica

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El Tri muestra un avance sistemático en posesión y presión alta ante la novena mejor selección del mundo en su preparación mundialista.

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Por Juan Pablo Ojeda

 

La selección mexicana de fútbol ofreció este martes en Chicago una de sus demostraciones tácticas más coherentes del último año natural. En su ruta de preparación hacia la Copa Mundial, el empate a un gol frente a Bélgica certifica una evolución en el modelo de juego de Javier Aguirre, pasando de una postura reactiva observada frente a Portugal a una propuesta fundamentada en la tenencia del balón y la presión en bloque alto.

El encuentro disputado en el Soldier Field evidenció el trabajo de automatismos ofensivos de la escuadra mexicana. Desde los compases iniciales, la conexión entre el mediocampo, conformado por Erik Lira y Álvaro Fidalgo, y la delantera, permitió a México gobernar el ritmo del partido. Una incursión de Julián Quiñones en el minuto dos fue el primer aviso de un equipo que renunció a la especulación.

La recompensa a esta estructura de juego se concretó al minuto 19. La anotación de Jorge Sánchez no fue producto del azar, sino de la acumulación de efectivos en el área rival durante las jugadas a balón parado. La resolución de zurda del lateral, tras aprovechar un rebote, reflejó la agresividad de la segunda línea para finalizar las transiciones ofensivas ante una defensa europea superada en número.

Bélgica, instalada en la novena posición del ránking FIFA y con una plantilla diseñada para competir en las rondas finales del torneo mundialista, requirió del descanso para recalibrar su sistema. La respuesta táctica llegó en el minuto 46, cuando la visión periférica de Yuri Tielemans logró quebrar la línea defensiva mexicana, permitiendo a Dodi Lukebakio restablecer la paridad con una definición al ángulo.

El tramo final del partido se transformó en un laboratorio de ensayo. Las modificaciones masivas —diez por parte de la selección belga y seis en el conjunto mexicano— alteraron la fluidez del encuentro. A pesar de la reestructuración completa del once europeo, México mantuvo la solidez en su bloque bajo, sostenido por la concentración de los centrales Johan Vásquez y César Montes, y la sobriedad del arquero José Raúl Rangel.

El proceso de Javier Aguirre alcanza los 29 partidos disputados, arrojando un balance de 15 victorias, nueve empates y cinco derrotas. Más allá del registro cuantitativo, el partido en Chicago representa un punto de inflexión cualitativo; la selección mexicana ha demostrado capacidad para competir de tú a tú en la posesión contra un mediocampo liderado en la primera mitad por Kevin De Bruyne y Axel Witsel.

La hoja de ruta del seleccionado nacional contempla tres ensayos finales ante perfiles contrastantes: el fútbol físico de Ghana, la rigidez táctica de Australia y el bloque europeo de Serbia. Estos compromisos de mayo y principios de junio serán esenciales para pulir el sistema antes de que el balón ruede oficialmente el 11 de junio frente a Sudáfrica, en un Mundial que exige a México sostener la versión mostrada en los primeros 45 minutos de Chicago.

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