Marath Bolaños defiende semana laboral de 40 horas
En el Congreso se está discutiendo algo que, aunque suena técnico, tiene impacto directo en la vida diaria de millones de personas: trabajar menos horas a la semana sin ganar menos. En el centro de esta discusión está Marath Baruch Bolaños López, titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, quien acudió a Comisiones Unidas para respaldar la reforma que reduciría la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales.
Por Bruno Cortés
En el Congreso se está discutiendo algo que, aunque suena técnico, tiene impacto directo en la vida diaria de millones de personas: trabajar menos horas a la semana sin ganar menos. En el centro de esta discusión está Marath Baruch Bolaños López, titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, quien acudió a Comisiones Unidas para respaldar la reforma que reduciría la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales.
Dicho en palabras simples: hoy la Constitución permite trabajar hasta 48 horas a la semana. La propuesta es bajar ese límite a 40, lo que en la práctica abriría la puerta a esquemas de cinco días laborales de ocho horas y, potencialmente, dos días de descanso. Para quienes no están metidos en la política, esto significa más tiempo en casa, más espacio para la familia o incluso para descansar, algo que en México no se ha movido en casi un siglo.
Bolaños planteó que no se trata solo de trabajar menos por trabajar menos, sino de equilibrar la vida personal con la laboral. Explicó que esta reforma sería un paso más dentro de los cambios laborales que se han impulsado en los últimos años, como el aumento al salario mínimo y la ampliación de vacaciones. Según su argumento, reducir horas y subir salarios no son medidas opuestas, sino complementarias si se hacen de manera gradual.
¿Y por qué la gradualidad es clave? Porque implementar el cambio de golpe podría generar presiones en costos para las empresas, afectar precios o incluso impactar el empleo. La apuesta del gobierno es que la reducción sea paulatina para evitar efectos como inflación o despidos, mientras el salario mínimo sigue aumentando de forma controlada. Es una especie de ajuste fino: mover dos piezas al mismo tiempo sin que el tablero económico se desacomode.
El funcionario también destacó que la propuesta no salió de la nada. Durante seis meses se realizaron foros con trabajadores y empleadores para escuchar posturas distintas y tratar de construir un punto de acuerdo. Además, dijo que la iniciativa recoge recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo y experiencias internacionales donde jornadas más cortas no han frenado la productividad.
En el Congreso, la presidenta de la Comisión del Trabajo, Maiella Gómez Maldonado, y el presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales, Leonel Godoy Rangel, ambos de Morena, coincidieron en que sería un cambio histórico para las y los trabajadores. El mensaje político es claro: buscan construir un consenso amplio, incluso con legisladores de otras fuerzas.
Otro punto que se tocó fue el clima de inversión y el empleo. Bolaños aseguró que, pese a episodios de violencia recientes, hay confianza de inversionistas y citó datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos que colocan a México con una de las tasas de desempleo más bajas entre sus países miembros. La narrativa oficial es que mejores condiciones laborales no están peleadas con crecimiento económico.
Si la reforma avanza, el cambio quedaría establecido en la Constitución y luego vendría la armonización de leyes secundarias para dejar claro cómo se aplicarán las 40 horas en la práctica. Es decir, no sería inmediato ni automático, pero sí marcaría un nuevo estándar laboral en el país.
Al final del día, más allá del debate técnico, la pregunta de fondo es sencilla: ¿cuánto vale el tiempo? La propuesta busca que el trabajo siga siendo fuente de ingreso, pero no absorba por completo la vida de las personas. Y esa discusión, que llevaba décadas sin moverse, hoy volvió al centro del Congreso.